HABLANDO DE AVIONES Y SUS TRAGEDIAS

A las 11 de la mañana de un día 5 de junio de 1973; montados en bestias mulares, mi hermano ‘Paco’ y un servidor, bajábamos por el camino al Ranchito Las Pilas; anexo a San Juan Peyotán, Nayarit. Habíamos madrugado camino a ‘Maipura’ y caerles a dos vacas que ya habían parido y no les encontrábamos las crías y hoy; tuvimos suerte. Por sobre nuestras cabezas, como a 50 metros de altura pasó un avión grande, tipo Beechcraft para 9 pasajeros.
El avión se dirigía al aeropuerto (de terracería) de San Juan Peyotán, haciendo explosiones en falso, como si fuera un carro fuera de tiempo. Le dije a mi hermano; “_Paquillo, ese avión va fallando”. Pasamos las Pilas y llegamos a San Juan; donde mi tía Josefina nos esperaba con un suculento desayuno (carne seca en mole y tortillas recién hechas). Terminé con el desayuno y salí al patio a desensillar mi montura. De pronto, escuché un ruido ensordecedor y miré hacia el aterrizaje; era el avión que se elevaba como a unos 50 metros y luego caía en picada. Siguió un golpe seco y una columna de humo negro. Montamos nuestras bestias y salimos corriendo rumbo al lugar del suceso; hasta ese momento pensamos que encontraríamos a los pasajeros a unos llorando, y a otros con cara de miedo; nunca imaginábamos la terrible tragedia. Cuatro hombres cargaban a Nicolás, casi inconsciente y balbuceando plegarias; lo habían rescatado de la puerta, cuando ya el avión estaba en llamas. Después, ambas piernas le fueron amputadas. Fue el único sobreviviente, de doce pasajeros que abordaron ese trágico avión. Allí murieron once personas, incluido el capitán Ruiz (piloto del avión que llevó la muerte). Sólo quedó Nicolás y el pueblo con su tragedia.
Luego vinieron otras historias; desde aquellos gritos y lamentos que se escuchaban por las noches. Comenzaban en Las Pilas y, como si fueran por el aire, pasaban por San Juan y llegaban hasta el aterrizaje, donde juntaron los once cuerpos para identificarlos. Por mucho tiempo nos quedó ese penetrante olor a carne chamuscada y; también, por mucho tiempo aborrecimos el mole con carne seca. Fue una de las grandes tragedias ocurridas en mi pueblo.
Era el año de 1973 y nunca supimos lo que ocasionó dicha tragedia. Fue una falla del avión o el exceso de carga; ambos, errores humanos. El avión no llevaba políticos y el narcotráfico no estaba en opulencia. A nadie se acusó de atentado; la compañía: Transportes Aéreos de Nayarit, Sociedad Anónima (TRANSA), sólo pagó el seguro, de 50 mil pesos por cada uno de los fallecidos. Hoy, a 45 años de aquel suceso, la tragedia de los esposos y políticos: Moreno Valle y Érika Alonso, me recuerdan lo indefenso del hombre que se transporta por el viento; cuyas alas no son las propias. Los aparatos voladores son invento del hombre; como inventos, miles se pueden sacar de lo ocurrido. La imaginación vuela; pero ahora no se echa la culpa a la voluntad divina. Ahora se arrojan acusaciones a los contrarios en política. Se buscan culpables y se lucra con el dolor.
Muchas versiones sobre lo ocurrido a la gobernadora de Puebla y al senador Moreno Valle. Vicente Fox no ardió en ese helicóptero; pero está ardido porque perdieron sus grandes partidos, el PAN y el PRI, y, aprovecha cualquier oportunidad para rumiar y escupir su veneno. ¿A quién le convenía suprimir a Moreno Valle y Érika Alonso? Podemos deducir que a sus correligionarios les interesaba más; inclusive, para perjudicar a la contraparte; pero, esos que hoy acusan… ¿No han pensado en un error humano? ¿Hasta dónde tienen compenetradas sus ansias por suprimir a los opositores? En ellos está muy hecho el espionaje y la eliminación del contrario; tal es el caso que, para librarse de culpas, cambian de piel y creen que todos son de su condición. El tiempo es el mejor aliado al gobierno de López Obrador. Para qué meter cuadril antes de lazar. Ya saldrán a relucir los excesos de los presentes; inclusive, de los ausentes; porque de la tierra al cielo, no hay nada oculto. Ya no estamos en la década de los años 70s. Ahora son otros tiempos.