Por Martín Elías Robles

Cosas del Ayer

Qué tal, amigo lector; hoy es lunes 7 de enero de este nuevo 2019. Ahora sí todos a la talacha. Como dicen en mi rancho, a darle que es mole e olla. En una grata reunión con colegas periodistas, un amigo me recordó sobre una columna que hace tiempo publiqué sobre una chusca experiencia vivida en una feria pueblerina, allá en el estado de Tamaulipas. Vuélvela a publicar, me sugirió el atento compañero. Así que, ni tardo ni perezoso, hoy la comparto nuevamente con usted amigo lector: Todavía recuerdo con especial cariño he inevitable melancolía, los felices años que pasé viviendo en un singular y campirano pueblo llamado San Fernando, situado a dos horas y media de su capital Ciudad Victoria, en el grandioso estado de Tamaulipas; ahí era realmente maravillosa la feria que se organizaba cada año. Por increíble que parezca, ésta solía tener toda la infraestructura necesaria y más, para su perfecto funcionamiento; y es que siendo la única distracción del poblado rural, que por cierto se realizaba invariablemente en el preámbulo de los festejos católicos como la mayoría de las fiestas cívicas en el país, la gente se esmeraba en su organización. Le platico esto porque las ferias que se realizan en casi todo nuestro México, son siempre eventos que sobre todo a los jóvenes les dejan experiencias inolvidables de toda índole. Mire, le voy a contar: Aún recuerdo como si hubiera sido ayer, cuando en un mediodía de 1979 mi padre me mandó a comprar las tortillas para la comida, y justamente para llegar a la tortillería debía cruzar por los terrenos de la feria, así que como era costumbre, ni tardo ni perezoso me enfilé a cumplir con el encargo; pero al pasar por uno de los puestos expendedores de cerveza (que nunca faltan en una feria) divisé que a la entrada del local había una gran cantidad de personas aglomeradas y atentas en algo que yo no veía, pero quería investigar. Con la curiosidad y la inocencia genuina que a los once años suele tener cualquier niño de pueblo, me acerqué sigilosamente y como pude fui introduciéndome hasta llegar al frente del concurrido negocio, sin que nadie de los adultos notara mi presencia. Cuando levanté la vista para descubrir el motivo y el interés de todos los presentes, mi sorpresa fue mayúscula; delante de mi estaba parada una impresionante mujer de raza negra, completamente desnuda, que al ritmo de la música afroantillana bailaba cadenciosamente para atraer más clientes masculinos al negocio cervecero. Aquel monumento de formas finas y cabello completamente grifo, chino, me dio la oportunidad de conocer la belleza física de una mujer; aunque honestamente, en ese entonces, mi primer impulso fue salir huyendo del lugar completamente asustado, y guardándome en secreto mi primera experiencia de adolescente, sin decirle nada a nadie por temor a recibir un tremendo regaño de mi padre. Hoy es una anécdota que me recuerda los años idos y la infancia limpia y sana, a la que no me negará distinguido lector, alguna vez querríamos regresar. La vida es tan corta, apenas contamos con unos cuantos años y en un cerrar y abrir de ojos nos encontramos en la edad adulta rememorando muestras experiencias del pasado… SE FUE UNA ESPAÑOLA CON CLASE Y GRAN TALENTO. Jazmines en el pelo y rosas en la cara, airosa caminaba la flor de la canela, derramaba lisura y a su paso dejaba aroma de mistura que en el pecho llevaba” Y luego aquella que tan magistralmente interpretaba; “De qué estás hecho tú, de piedra o hielo que no sabes sentir, ni amor ni celo, tú no eres como yo, estoy seguro de eso. Tú no eres como yo, a ti no te hizo Dios de carne y hueso”. Estos son algunos de los éxitos que tuvo la gran cantante española María Dolores Pradera, la señorona de la canción que el pasado año dejó de existir a la edad de 93 años. Ella nunca dejó de trabajar llevando por el mundo la música de los compositores de todo Hispanoamérica, fue una real embajadora de la canción de trova, la vernácula y la regional mexicana. Le recuerdo con su trio de músicos y su inseparable chal, con sus manos que hablaban y su especial tono de voz. Seria y portentosa, pero a la vez gentil y generosa. Alguna vez en Televisa en plena presentación de “Siempre en Domingo” les dejó rabiando de coraje cuando salió a escena cantó media canción y abandono el lugar porque tenían el aire acondicionado muy alto y ella traía gripa, no la hicieron regresar por nada, un desplante en cadena nacional, cuando la televisión era el medio de comunicación más importante en este país… LOS POBRES. Son millones de mexicanos viviendo en la penosa mendicidad, pues para sacarlos del hoyo se necesita mucho más que lo que se está haciendo a hoy en día en favor de ellos. Verá usted le voy a platicar algo de lo que como ser humano no me gusta ver, y menos en mi tierra nayarita: En Tepic, hay gente que se dedica a esculcar en la basura, en los contenedores para alimentarse y sobrevivir. Una tristeza en verdad.

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