Por Rigoberto Guzmán Arce

UN DÍA EN MI VIDA
1 DE 2 PARTES

Son las cuatro de la tarde del jueves, rápido me pongo la camisa azul con el logo de Ecomuseo, pensé no llevar cachucha, pero al final me la puse, recorro unas dos cuadras y ya están los familiares de don Hermenegildo Ballesteros Reinoso, finado y de grandes virtudes en diferentes oficios y artes como el de dulcero. El protocolo que encabeza nuestro presidente del Consejo Ciudadano, el maestro Pablo Torres y compañeros, amigos, iniciando Jesús Flores con la lectura de la placa, palabras de algún familiar que le corresponde a Fernando Espinosa y Martha Ballesteros y la filmación cesa, reviso el tiempo y me enfilo por la calle madero para llegar a la plaza Justo Barajas solitaria a estas horas, evoco como ráfagas cuando era un domingo y después de alquilar cuentos, ansioso, seguía la función estelar de la tarde en el cine. Siempre ando entre el pasado y el presente, me siento como una máquina de producción en masa de recuerdos. Camino con mi compás largo, mido 1.87, ya se imaginan, para llegar al taller de la Caja Popular Mexicana, para saber cuál es la misión y visión de esta cooperativa. Me interesa y escucho con atención para tener una charla interesante con la joven Yanelly, me comprometo a participar en esta sucursal en su fortalecimiento y su expansión. Me siento cansado de tanto hablar y al salir no me contengo de tomar fotografías con mi aliado, la herramienta digital de mi Moto, y subo a mi muro de Facebook cuatro fotografías que titulo, Palpitaciones del corazón hermoso, los portales y las luces de la noche que cae con suavidad sin tanto tráfico, antier y ayer estuve filmando lo que acontecía con la distribución de las gasolineras de aquí, de la ciudad que sin tanto pánico tranquilamente hacían cola para su abasto.
De noche procuro oír música, pero no me sentí con mis sentidos despiertos, entonces apliqué una dosis de seis juegos de ajedrez en la computadora, siento un dolor pequeño en mi cabeza y recuerdo que fue porque desperté temprano por el maullido de mi gato apodado El Chulo que necesita a las gatas sin distingos de colores y color de ojos porque tiene varios días con un lamento de marinero o espadachín de tejados, entonces preferí ver la mañanera conferencia de AMLO, aunque en veces me arrullaba su manera de hablar. Dejo el ajedrez, sigue baño y pijama azul, ¿será por lo de mi poemario Luz Azul?, ceno frijoles y canela, aquellos años de mi abuela con ese olor profundo que me ilumina mis noches oscuras que hasta en Managua en su desolación me llegaba la casa de la Abasolo. Acostado frente a mis libreros blancos atiborrados, reviso redes sociales, Twitter y les contesto a dos tipos nefastos que como grandes gatos quieren tapar sus grandes cag…los expresidentes Fox y Calderón, los padres del huachicoleo, escriban lo que escriban, el pueblo los repudia. Y llegan los videos de los últimos de Notisur. Subo fotografías en Facebook, me ensimismo cuando leo algo que me deja en ese estado y analizo que se respira algo extraño, ¿será la libertad?
Agrego invitaciones, las frases ya clásicas de amor, de poemas y el archivo se enriquece para ubicarlos más bien, me acuerdo que necesito seguir con la elaboración de la portada de mi nuevo libro, el poemario Mujer, seguir organizando por capítulos, el primero llamado Atado de Cartas, no son los primeros que escribí, pero sí los que conservé y se salvaron de romperlos y quemarlos. El segundo capítulo, Violetas, el tercero, Memorias del Olvido y el cuarto que no sé cómo titularlo, son mis últimos. Intento sentarme en la silla de ratán y enfrente de mi escritorio que son mis lobos que forman parte de la guarida, desisto, no tengo deseos. Antes me dormía a las diez y ahora después de tres años jubilado, ya tengo esta costumbre del infierno y del cielo de las once y cuando estoy enfrascado conmigo mismo me acuesto a las once y media, pero dormirme es cuando los pájaros azules también reposan en sus árboles de la imaginación. No me gusta escribir de noche, ya no estoy a favor de ese método porque de adolescente me desvelaba por esnobista, creyendo que la creación te llega de noche emulando a los poetas mayores bajo una vela y desgarrado el cuerpo, pero siento el alma agotada que escribo tontería, lo absurdo, y en la mañana parezco imbécil con ojeras y aturdido.
Siento frío y me revuelvo con las dos cobijas, intuyo por el ceremonial de la luz que son las siete porque creo que escucho las campanas delicadas que claman de la Virgen de Guadalupe. No tengo el sueño reparador porque cuando me acuesto con algún pendiente, estoy intranquilo. Siento que despierto en medio de la oscuridad, mi cuerpo parece un páramo o un cocodrilo según como me vean, recurro a la benevolencia del amanecer y soy un hombre de iluminaciones porque basta saber que la ventana está clareando debo de levantarme y algunas veces se me olvida ponerme el reloj porque lo dejo en el baño, entonces al encender mi móvil, veo que son las siete cuarenta de la mañana, me fue bien, hay veces que veo cuando son las cinco de la mañana y en lugar de sentirme fatal, a escribir se ha dicho y de aquí nadie me quita.