Por Hiram Chávez

México está viviendo tiempos históricos; estamos ante uno de los mejores presidentes que ha tenido nuestra nación en muchísimos años.
Andrés Manuel López Obrador, tras 18 años persiguiendo el sueño de sentarse en la silla presidencial y convertirse en el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, se abanderó tras la lucha contra la corrupción.
Hoy, a 60 días de haber asumido el mandato debemos reconocer que ya ha hecho más que sus antecesores en el mismo tiempo; la cancelación de pensiones a expresidentes; desaparecer al Estado Mayor Presidencial; la venta del avión presidencial; la cancelación de los gastos médicos mayores a los funcionarios públicos; viajar en aviones comerciales; el golpe asestado al huachicoleo, fueron acciones que dieron cumplimiento algunas de sus promesas en campaña.
Aunque muchos de los especialistas en la materia señalan que las estrategias tomadas por el presidente de México no son las mejores o las correctas, si son acciones que marcan un antes y un después; son un parte aguas y creo que el verdadero objetivo de López Obrador se está logrando: el pueblo de México se está uniendo, apoyando en esta lucha que emprendió nuestro ejecutivo.
Aunque fueron kilómetros de vehículos esperando durante varias horas para conseguir un poco de combustible, ninguno renegó; la sociedad se organizó, respetando sus turnos, la gran mayoría respaldando las acciones de su presidente; de hecho, algunos de la oposición han realizado encuestas en redes sociales y los resultados no fueron mucho de su agrado.
La oposición por su parte, ha sido brutal y sin tregua; por cielo, mar y tierra han tratado de desestabilizarle el barco. Al respecto, considero que AMLO debió tomar en cuenta que hay un mundo de diferencia entre un candidato en campaña y portar la banda presidencial; este al parecer, es el punto más débil de la era obradorista.
El talón de AMLO es su palabra; si algo ha empeñado con su vida fue su palabra; promesas que se pudieran leer como parte de una campaña de publicidad para lograr utilizar de la mejor manera lo que abunda en la sociedad: el hartazgo.
Ante la sed de venganza contra quienes han dedicado sus vidas en desfalcar las arcas públicas, llegó un hombre que supo darles lo que – con tantas ansias – esperaban: la oportunidad de ver tras las rejas a ex presidentes, altos funcionarios, grandes empresarios, ladrones de “cuello blanco”, etc.
Este compromiso de Obrador fue tan fuerte y a la vez tan aceptado en el inconsciente colectivo que, automáticamente todo pasado político de AMLO fue eliminado; a nadie le interesa saber si Obrador fue forjado en las filas de Salinas de Gortari, en las faldas del PRI y del PRD. Cuestiones como: ¿De dónde obtuvo fondos para recorrer toda la república mexicana varias ocasiones? ¿De qué vivió tanto tiempo que estuvo en campaña? Entre otras interrogantes, a nadie le interesa, eso ya no tiene valor, no importa.
Creo que es importante que como sociedad aplaudamos los logros y las acciones que viene realizando el presidente de México, pero no pecamos si somos críticos, observadores y neutrales en nuestras ideas. López Obrador ya no está en campaña, donde las palabras valen, las promesas tienen fuerza de arrastre y mediante ellas se logran objetivos. La aceptación del pueblo, la algarabía como reacción a las presentaciones del ahora presidente, las megas marchas en apoyo a AMLO; los gritos de: “Es un honor estar con Obrador”, son señales de una luna de miel que aún continúa.
Las palabras, promesas y gritos de triunfo para nada aprovechan en esta nueva etapa, AMLO ya es presidente y desde el momento en que se le fue colocada la banda presidencial, lo único que vale en él son sus acciones, decisiones; pero también sus omisiones. El presidente está obligado a cumplir su palabra antes de que la luna de miel termine; deben de caer cabezas, pero no de jefes de cuadrillas de huachicoleros, no cabecillas o lideres organizadores del robo a ductos de Pemex, NO; tienen que caer cabezas grandes, titulares de dependencias federales, ex presidentes, directores, gobernadores, secretarios de Estado, aquellos que están coludidos en el robo de hidrocarburos, a los que por cierto, hasta ahora no ha tocado.
El descubrimiento del ducto perforado aun lado del rancho de Vicente Fox no puede quedar solo como noticia, mención o señalamiento desde una conferencia de prensa mañanera; aquí son necesarias las denuncias, demandas, juicios, ordenes de aprehensión, encarcelamientos, y si fueran necesario, extradiciones.
Si después de tanta lucha contra la corrupción, no caen las cabezas que tiene que caer, entonces no habrá sido una lucha contra la corrupción, sino un simple cambio de corruptos. La omisión también es delito.
Nos seguimos leyendo el próximo lunes. ¡Saludos!