Por Sergio Rodríguez Bonilla

Cómo ayudar a una persona con depresión

La depresión es un trastorno complicado pero tratable que padecen millones de personas de todas las edades, y en todos los ámbitos de la vida y que provoca dolor no solo en las personas que tienen este diagnóstico, sino que también afecta a las personas de su entorno.
En ocasiones, cuando un amigo o familiar está deprimido, se experimentan diferentes emociones difíciles de sobrellevar, como impotencia, frustración, ira, miedo, culpa, tristeza, etc. Estos sentimientos son normales y sentirlos no implica que no podamos o queramos ayudar a nuestro amigo o familiar. Así, si queremos sumar y realmente prestar una ayuda eficaz no es bueno que descuidemos el cuidado de nosotros mismos.
Al principio, para ayudar a otra persona a superar la depresión hay que aprender cómo funciona la depresión y en qué términos y forma debemos tratarla, sin olvidarnos de la salud emocional propia. Esto es fundamental para mantener un cuidado efectivo a lo largo del tiempo y para que no paguemos un precio demasiado alto por nuestra ayuda.
Ten en cuenta que la depresión es una enfermedad grave que necesita tratamiento y atención profesional. Tu papel, si quieres ayudar a otro con depresión, no es curarle, sino apoyarle para que le sea más fácil superar su estado.
A veces es difícil saber qué decir cuando se habla con una persona con depresión. En cualquier caso, es más importante escuchar que dar consejos. Así, el simple hecho de hablar con alguien puede ser una gran ayuda. Animar a esa persona a hablar de sus sentimientos y estar dispuesto a escucharla sin juzgar probablemente le hará mucho bien. Escuchando le decimos a la persona enferma que estamos abiertos y dispuestos, que es su versión de la historia la que nos importa.
Las personas deprimidas tienden a aislarse de los demás e incluso a desconfiar, por lo que tendrás que renovar continuamente las muestras de disposición si quieres que hable contigo. Para iniciar una conversación, puedes empezar diciéndole que estás preocupado por él o ella, o que te has dado cuenta que ha cambiado y te gustaría saber cómo se encuentra. Pero, recuerda que esta es una forma de iniciar una conversación que debe hacerse con tacto, no queremos que la persona deprimida se sienta culpable por preocuparnos.
Cuando quiera hablar (algo a lo que tenemos que estar dispuestos pero no forzar), puedes preguntarle por el momento en el que empezó a sentirse así, qué ocurrió para que comenzara a sentirse de esa manera y cómo puedes ayudarle. Y, sobre todo, anímale a que busque ayuda profesional si todavía no lo ha hecho. Pero tienes que ser muy delicado en este punto, porque no todo el mundo está dispuesto a hacerlo.
Para que se sienta apoyado, dile que estás con él/ella, que puede contar contigo, que es posible superar su estado. Recuérdale que te preocupas por él/ella, que le aprecias y que, aunque no entiendas cómo se siente ni por qué, le quieres ayudar, porque lo que te importa es que se sienta bien.
Pero también hay frases que no se deben pronunciar, de ahí lo fundamental que es que mantengamos nuestro control emocional. No le digas que todo está en su cabeza y que todos pasamos por lo mismo en algún momento, ni mucho menos intentes convencerlo de que seguro que a la larga sacará algo bueno de todo esto. Tampoco le intentes convencer de lo buena que es su vida, ni le pidas responsabilidades con preguntas del tipo “¿y qué pasa conmigo, es que no te importo?”. Esto sólo empeorará la situación.
Hay un impulso natural a querer solucionar los problemas de la gente que amamos, pero no se puede pretender controlar la depresión de un ser querido. Pero si no nos cuidamos a nivel emocional en esta situación no podremos ayudar al otro. Cuidar de tu propia salud y de tu felicidad es fundamental para tratar de ayudar a alguien que está deprimido. Por lo tanto, debes atender tus propias necesidades antes que las del otro para poder serle útil.
Para ello, es importante que hables de ti mismo con el otro y que no reprimas tus emociones. No se trata de que le hagas sentir culpable o de que le exijas responsabilidades. Se trata de crear una relación de comunicación honesta que te ayude a crear una relación a largo plazo y que te permita también ser más sensible.
También es importante establecer límites para que tu propia salud mental no se vea afectada, ni tampoco tu vida personal. Establece límites claros para evitar el desgaste y el resentimiento. No se trata de ser el terapeuta del otro.
Otro aspecto importante que no se puede descuidar es el mantener la vida propia. A pesar de que haya que hacer algunos cambios en la rutina, hay que seguir adelante, cada uno con lo suyo.
Por último, hay que buscar apoyo personal, alguien con quien hablar sobre lo que sientes durante el proceso de ayuda a otro, y sin sentir que le traicionas. Es necesario externalizar los sentimientos para no reprimirlos.
Espero que esta información te haya sido de ayuda, puesto que muchas personas consideran que la Psicología es una ciencia de “Sentido común”, cuando en realidad es mucho más complejo de lo que parece. Si te encuentras en una situación así, o conoces a alguien que podría estarlo y deseas buscar ayuda, consulta a tu Psicólogo de plena confianza y coméntale tus dudas, y en caso de ser necesario, saca una cita.

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Sergio Rodríguez Bonilla
Psicólogo/Psicoanalista
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