El tratado, firmado por el presidente Ronald Reagan y el líder soviético Mijaíl Gorbachov en 1987, fue diseñado para eliminar una clase de misiles particularmente desestabilizadores.

La decisión que tomará Trump de retirarse del Tratado sobre Misiles de Alcance Medio y Corto (INF, por su sigla en inglés) es la manera errónea de responder a un problema real. Si se lleva a cabo, sería peligroso, desestabilizador y potencialmente contraproducente.

El tratado, firmado por el presidente Ronald Reagan y el líder soviético Mijaíl Gorbachov en 1987, fue diseñado para eliminar una clase de misiles particularmente desestabilizadores, aquellos con rangos de alcance entre 484 y 5,500 kilómetros.

En el caso ruso, sus misiles podrían haberse dirigido hacia países aliados de la OTAN en tan sólo pocos minutos, y los misiles estadounidenses instalados en nuestras bases europeas podrían haber golpeado a la Unión Soviética con la misma sorpresa.

Para ser justos, el gobierno de Trump tiene razón cuando dice que el tratado tiene un problema: desde el 2014, Rusia lo ha violado porque está desarrollando un misil al que la OTAN lo conoce como SSC-8, capaz de golpear a nuestros aliados europeos en muy poco tiempo.

Por su parte, los rusos afirman que misiles estadounidenses fabricados durante los últimos años también constituyen una violación al tratado.

Mientras tanto, China, renuente histórico a las negociaciones sobre el control de armas, está desarrollando un misil de alcance intermedio, el DF-26 , que puede amenazar a nuestras fuerzas y bases navales en el Pacífico.

Así que hay una cierta lógica en el argumento de Trump cuando ha anunciado que “retirará” a nuestro país del acuerdo: Rusia lo viola, Moscú responde que nosotros somos quienes lo violamos y China se ha unido al club de fabricantes.

Entonces, ¿por qué Estados Unidos no debe retirarse del tratado?

Primero, la consecuencia probable de matar este tratado es que Rusia construirá más misiles nucleares y nosotros también. Hay alrededor de 15,000 misiles nucleares en el mundo.

En segundo lugar, sería un mal ejemplo para países como Corea del Norte e Irán. Si las potencias no pueden frenar la carrera nuclear, ¿por qué deberían hacerlo ellos?

En tercer lugar, y como ha sugerido el exsenador estadounidense Sam Nunn, ¿por qué no tratar de convertir el INF en una oportunidad?

Trump y el presidente ruso Vladimir Putin prometieron en su cumbre de Helsinki que iniciarían un diálogo estratégico sobre este tema. Es lo que tendrían que hacer, buscando formas de resolver las diferencias a través de inspecciones, intercambio de información y otras medidas de transparencia.