El anuncio de un ataque militar a Siria y las advertencias de Rusia sobre esta acción, ponen al mundo al borde de una guerra

Agencias.- A 15 meses del inicio de la presidencia de Donald Trump, Estados Unidos se encuentra en la cúspide de una grave emergencia constitucional en casa, y más cerca de trastabillar hacia un conflicto directo con Rusia que en cualquier otro momento desde la Guerra Fría.
Es un momento en que el caos, la retórica salvaje y el aplastamiento de las normas presidenciales en las que Trump ha anclado su presidencia podrían comenzar a tener consecuencias en el mundo real con principios constitucionales y vidas en juego.
Washington está reverberando con la especulación de que Trump, enfurecido por las revelaciones que surgieron de un impresionante allanamiento del FBI sobre su abogado personal, podría tratar de inhabilitar o cancelar la investigación especial de Robert Mueller.
El resto del mundo se prepara para un esperado ataque por parte de Estados Unidos y sus aliados contra Siria, mientras Trump se burla de Moscú por la potencia del armamento estadounidense y un enviado del Kremlin advierte que Rusia podría derribar misiles estadounidenses.
La imagen de un presidente agresivo que reflexiona abiertamente sobre un audaz movimiento de poder para poner fin a una investigación legal de su campaña, mientras aviva deliberadamente las tensiones en una peligrosa zona de guerra, es algo que muchos de sus críticos preelectorales temían.
Pero también es algo que los millones de seguidores de Trump aceptaron en 2016.
La respuesta del presidente abre una ventana a su personalidad, mostrando su confianza en sus propios instintos, el deseo de proyectar fortaleza y el rechazo a estar sujeto a las restricciones de comportamiento observadas por sus predecesores.
Trump ha estado furioso desde que agentes del FBI llegaron a la puerta de su abogado Michael Cohen este lunes, una medida que lo llevó a denunciar furiosamente lo que dijo era un “ataque a nuestro país”.
Es poco probable que su rabia se mitigara con los informes del miércoles de que los agentes estaban buscando comunicaciones entre Cohen y él sobre la infame cinta de Access Hollywood, que presentaba comentarios vulgares de Trump sobre las mujeres.
Incluso antes de esas revelaciones, algunas fuentes dijeron a CNN que Trump ya estaba convencido de que Mueller, quien remitió información sobre Cohen a fiscales en Nueva York, se había salido de su línea de investigación de una presunta colusión electoral con Rusia.
La portavoz de la Casa Blanca, Sarah Sanders, dijo el miércoles que el presidente tiene “una preocupación muy profunda sobre la dirección que han tomado el fiscal especial y otras investigaciones”.
CNN informó el martes que Trump estaba considerando un paso que muchos de sus oponentes temen: destituir al Fiscal General Adjunto Rod Rosenstein, quien supervisa la investigación de Mueller, en un intento por neutralizar al fiscal especial o despedirlo por completo y poner fin a su investigación.
“Cualquiera de esas acciones está diseñada para interferir con una investigación que podría implicar al presidente”, dijo el alto miembro del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, Adam Schiff, en The Situation Room de CNN.
“Eso es una obstrucción a la justicia… me preocupa profundamente porque arrojaría a este país a una crisis total”, dijo el demócrata de California.
Los demócratas seguramente pedirían una impugnación en tales circunstancias, incluso aunque parezca improbable que los republicanos que controlan la Cámara lo acepten. Sin embargo, algunos de los principales senadores republicanos han advertido que despedir a Mueller sería un “suicidio” para Trump y significaría el comienzo del final de su presidencia.
Extraordinario telón de fondo
El embrollo legal cada vez más profundo que enfrentaba el presidente y el aparentemente inminente ataque militar en Siria se unieron en la impactante despotrique del lunes sobre sus aprietos legales ante una sala llena de altos mandos militares.
La reunión reflejó cómo Trump se está preparando para ordenar a las fuerzas estadounidenses a entrar en acción contra un extraordinario telón de fondo de agitación política interna.
La preocupación por la gravedad de los posibles ataques para castigar un presunto ataque con armas químicas contra civiles sirios por parte de las fuerzas del presidente Bashar al-Assad se intensificó en medio de una guerra de palabras entre Estados Unidos y Rusia este miércoles.
Después de que el embajador de Rusia en el Líbano advirtió que Moscú podría derribar misiles de crucero estadounidenses y tomar represalias contra los sitios de lanzamiento —posiblemente barcos y submarinos estadounidenses— Trump respondió.
Lejos de aliviar las tensiones con el rival de Estados Unidos que tiene armas nucleares, como la mayoría de los presidentes pudo haber hecho, las disparó a toda marcha.
“Rusia se compromete a derribar todos y cada uno de los misiles disparados contra Siria. ¡Prepárense Rusia, porque llegarán, bonitos y nuevos, e ‘inteligentes’! ¡No deberían asociarse con un Animal Asesino con Gas que mata a su gente y lo disfruta!”, tuiteó Trump.
Por un lado, el tuit podría ser desestimado como la forma única y poco convencional de comunicación de Trump, que enfurece a las clases dirigentes de Washington y deleita a sus seguidores.
Sin embargo, esa forma de hablar sobre la cuestión de la acción militar, en una región donde las fuerzas estadounidenses y rusas están chocando unas contra otras, no es el tipo de retórica que es normal para un presidente.
“Él es el comandante en jefe. No puedo recordar jamás en mi vida o ciertamente en mi estudio de la historia estadounidense que un comandante en jefe trate el uso potencial de la fuerza armada de esta manera despreocupada”, dijo el contralmirante retirado John Kirby, analista de seguridad nacional de CNN y exvocero del Departamento de Estado.
“Es irresponsable que simplemente tuitee algo específico sobre un ataque cuando hay vidas en juego, no solo vidas en el terreno, sino vidas estadounidenses y probablemente vidas aliadas”, dijo.
El tuit tampoco es coherente con la propia promesa de Trump de no dar nunca señales de la posibilidad de una acción militar para evitar dar tiempo a regímenes como el de Siria para alejar el equipo militar de la zona de peligro.
Aún así, algunos de los defensores de Trump podrían notar la ironía de los medios, que han pasado meses preguntándose por qué Trump ha sido blando con Rusia, y ahora destacan la dura retórica dirigida al Kremlin sobre su apoyo a Assad.