Por Rigoberto Guzmán Arce

Mi amado Nervo (2017)
1 de 4 partes

1.-Presuroso escribo a finales del siglo XX, varios poemas para ser testigo de la agonía de un cuerpo que sangrante, de respiración caótica, de grandes luces, pero también de oscuros abismos, deja el mundo de los vivos. Su nacimiento generó esperanzas de la modernidad, de los avances científicos, de las odiseas, de la cultura de la fraternidad, pero fueron simples evaporaciones porque se convirtió en tiempos convulsos, sin descanso hasta su fallecimiento. Duro, crudo y cruel los cien años de guerras, millones de seres humanos perdieron la vida, purgas, éxodos, ideologías que se contraponían, pero se complementaban. Revoluciones, sacudimientos sociales, rompimiento de estructuras, ensayos y supremacías. Casi cuando iban dos tercios consumidos del siglo, inicio la aventura de la vida en un pueblo tranquilo del Sur de mi estado Nayarit. Pero treinta años antes que termine el siglo vertiginoso, hay un hombre que nace para hacer poesía que me alumbrará en mi firmamento de la calle Arista.
2.-Como si fuera el teclado de un piano, construyo la armonía espiritual, un remanso, enciendo la nostalgia a pesar de esta mini lap top, color azul, me imagino que tengo la pluma que se desliza en la hoja blanca como la belleza de un cisne en un estanque de lotos y que son las tres de la madrugada. Mi inspira un poeta que siento cerca, no sólo en la geografía, nació en Tepic, sino que siento que soy su sombra, voy caminando los días y noches de su niñez de calles de polvo y de piedras, que estoy en colegio en Jacona y Zamora, antes en el apacible Mazatlàn, en sus ojos que contemplan loa atardeceres de su adolescencia y los cortejos con la poesía. Estoy en sus manos por las noches de estrellas y la mirada taciturna, en su cuerpo flaco y febril sus punzantes dedos para abrir, herir, desgarrar y delicadamente abrir y enviar cartas de amor en su soledad, buscando musas. Mis titubeos por abrir un libro, leer una página, avizorar un texto, el verso que impresiona, descubrir un lenguaje especial, diferente y cálido. Mientras que un hombre venía desde el siglo XIX con su plenitud, el rosario de perlas negras, místicas y jardines interiores, en su frenesí y ensimismado, reuniendo elementos de alma, materiales que tanto desdeñan, otras no encuentran y muchos palidecen: la poesía.
3.- Invitación para asistir a leer poesía a la casa de Amado Nervo, nervioso, atrapado en los pensamientos, un tumulto de palomas que sentimientos vuelan, tengo tres poemas que están rodeados por miradas de camaradas del grupo CAIN: Luz azul, Poetas muertos y Estrella vacía. Al principio incómodo y al final feliz, de esto aunque duela y no me guste, se trata de escribir y compartir en este nuevo siglo. Allí sentado entre las reliquias de documentos, cartas, archivos, percibo la presencia del hombre de rostro afilado y calvo, de traje negro con pose de añoranza con ojos tristes, en otras veces brillantes, y mano en forma de pluma cortesana en la mandíbula. Noto que esboza una leve sonrisa, no pasé la prueba, el parecieron insulsos, no tienen sustancia, son palabrerías, retacar ocurrencias en un papel. Antes de salir, cuando me dirigía a regresar, sentí una mano que te tomaba un poco fuerte del hombro derecho. Era él, sostenía una gabardina, sombrero de bonete y el paraguas, me dijo: “Consíguete una musa de alma linda, ojos vivos, luz espiritual, pelo de flores, respiración de estrellas y latidos de luna”. Se colocó su sombrero, se puso la gabardina, abrió el paraguas y se perdió entre la lluvia. Caminé sin rumbo fijo, crucé esquinas con un vacío, como niño regañado descubierto en la mentira o cuestionado por el absurdo proceder, porque no tod@s nacimos para escribir poesía, aunque nos guste. Llegaron los insomnios, un lamento de congojas, un sin fin de repetir mis deseos para dedicarme a otra cosa, tirar mis sentimientos a la basura, dejarlos en el olvido, guardados entre los libros, cuadernos muertos. Su voz, consíguete una musa, taladraron mis muros de coraje. Volví a regresar a su obra, humildemente.
4.-Otra vez, mordiendo las horas, se consumen los minutos, vuelvo a Tepic, es un viernes. Cargo una carpeta con el tema del poeta insigne, un festejo ante algún aniversario. La cita es a las cuatro de la tarde, la casa de nuevo. Ingreso, no hay murmullo, no hay tal encuentro, se canceló a último momento, en la era pre internet. Desconsolado, me voy a rumiar al pequeño patio, huele a café, distingo al cuidador que sentado lee muy tranquilamente que parece que es parte del árbol o la maceta.
5.-Ya en el vigor de las redes sociales, que en un instante te llega mundos, galaxias atiborradas de señales, mensajes, dolor y pasión, brota como una llama, como una flor en el cemento, la convocatoria del segundo congreso de La Crónica de Nayarit y ¡eureka! viene en el temario la relación con Amado Nervo, estoy de suerte me digo, y hasta la palmada siento del hombre de mirada nostálgica. Revuelvo mi estudio, jalo, quito, levanto, hurgo y nada, no puede ser, no encuentro el escrito sobre Amado. Revolqué los cartones, lancé carpetas al viento para descubrir la magia de la prosa que escribí con tanto amor y desmenucé puños de escritos y jamás apareció. Otra vez la palmadita en el hombro: “vamos amigo, no se angustie, pero es la última vez que me aparezco, ya ponte a escribir bien de mi obra, deja de andar desespirituado, ¡con una carajo!”.