Por Rigoberto Guzmán Arce

IXTLENSES
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Decenas de ellas con los hombres y mujeres que muchos ya son estelas en el viento y murmullos del anochecer. Con el internet a plenitud, solamente con un clic, se guardan los escritos, las imágenes que acompañan y el correo verdeluzazul@hotmail.com que es la partida a las sensaciones profundas y enigmáticas cuando un hijo de esta tierra le canta a su origen. Me sentí afortunado. Volver a tener ante mì las visiones de “Casa Grande”, la casa de mi abuela Lupe y de mi bisabuela Refugio, historias a la luz de la vela, los ángeles y demonios, de la ternura y la compasión, de las clarividencias y los sentidos. Mi aromática Abasolo, los vecinos y las descripciones de mi mundo infantil, el despertar ante acontecimientos. Volver caminar por este espacio que amo tanto y tenerla como “Planeta Arista”, territorios de amigos, de noches intensas, de que aquí fue el nacimiento de mi apodo, de los juegos, la radio, los viajes a los ríos y la insólita televisión, las cartas a mi amor y los bailes, las canciones y la inmensidad por vivir. Y si esto fuera poco plasmar mis “Versiones” de lo que me impactó desde muy pequeño hasta mis días actuales. De los años de la revolución cubana, el asesinato a John F. Kennedy, el 68, las Olimpiadas, el Mundial de futbol, el alunizaje, el terremoto del 85, mi viaje a Nicaragua, el fraude a Cárdenas, la derrota del PRI en el 2000, el Apocalipsis que no llegó. Llegar a un capítulo en el 2011 cuando escribo sentimientos contrapunteados del dolor de ya no tener a las mujeres que amé en “Ardiente Vendaval”, una crónica de amor y desamor en una noche, la más fría de mi vida, en el amanecer de agua amorosa y destellos de melodías inmortales. Ensimismado en las tardes, guardado en mi estudio azul, entre libros y los fuegos interiores que me iluminan, los años han sido gastados sin menor remordimiento. Es un tiempo que me gusta, aunque se sufre al recordar tengo un mar de deseos, la luz que me guía como la barcarola que me pide el alma, las voces imperiosas que escucho como una procesión de iluminaciones, caudal de sombras, los vivos y muertos compartiendo en lo espiritual.
Ya con vida, tiempo, velocidad, estilo y perfume la columna Claroscuro de los viernes se sostenía, mientras se fermentaban los primeros escritos en una esquina después de un tiempo negro, los Relatos de Pasión, los jueves. Necesitaba estar en constante comunicación, hablar conmigo mismo y expresarme y ante mi nueva vida más allá de alumnos, aulas y documentos oficiales, planes y programas escolares. Fue así que nació Report-arce, título que tenía el placer de aparecer en cualquier día de la semana. Nombre con la terminación de un apellido que tiene sonido de árbol, rìo y viento. Mi primer reportaje fue el de la plaza Monseñor Justo Barajas que es conocido entre el albur como la de los Pájaros Muertos. Una mañana suave y que se fueron engarzando con otros lugares como la plaza principal, hasta lograr unas cuatro docenas de escritos que desentrañan y se comprenden los días y las noches en esta ciudad, la venida de Gustavo Ayón, El Titán del basquetbol; añoranzas del mercado viejo y el entregado de cristal y líos; la muerte del famoso peluquero El Cuate y de mi amigo Olmos; el hombre Centenario don Jesús González, el hombre de hierro y ejemplo docente Juan José García Sánchez; homenaje cálido a el profesor Lupillo; los eventos culturales, políticos y sociales. Pulsaciones y respiraciones de mi ciudad vertiginosa. Las miradas y la escritura de las mañanas, desde las siete religiosamente, la ceremonia en la mini azul, estar en cualquier espacio concentrado para ir construyendo con pixeles, oraciones para capturar la imagen, tener la palabra precisa que se necesita con la otra y construir las frases para que lleve el ritmo especial del olor, sabor, agitación, sentimientos, las entrañas de mi bien amado Ixtlán de luna de barro.
Era a principios de agosto cuando el profesor Pablo Torres me pone en estado de alerta para participar en la conmemoración de los cien años de nacimiento de nuestro estado de Nayarit. Circulaba una convocatoria desde abril que no me había dado cuenta. Me invitaba a que se investigara un tema en lo particular de nuestro municipio y mandarlo para tener la oportunidad que se publicara en la Enciclopedia Temática del Centenario. La fecha límite era el 30 de septiembre. Me puse a pensar sobre qué se podía escribir. Pasé una semana y destanteado porque no encontraba mi lugar o historia, o personaje, ¿personaje? ¡Claro! Voy a escribir la vida y obra del doctor Roberto Coronado Rivera y se va a llamar Crisol. Raudo me puse en contacto con Manu Benítez para que me diera el número del celular de mi amigo Guillermo, hijo del doctor señalado que había fallecido meses antes, en el mes de enero. Después de algunos minutos, acordamos que iba a comentarles a sus hermanos para la aprobación y la ayuda que se requiriera y las facilidades para visitar la casa paterna y materna que está ubicada por la calle Abasolo 41. Busqué la convocatoria, la descargué en PDF, revisé las bases y eran mínimo 40 cuartillas y letra del tamaño 12, anexar fotografías con las dimensiones de 300 dpi. Hago un bosquejo, primero necesito de lo que ya se ha escrito del doctor, algunos libros, recortes de periódicos y realizar entrevistas. Escribo apartados de su historial de vida, como doctor, rotario, deportista, catedrático, altruista, religioso. Y ya con cierto rumbo me voy adentrando a lo que me hizo gozar y sufrir.