* Su candidatura se muestra sombría

POR ÁLVARO DELGADO

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- En medio de improvisaciones, desorganización, recriminaciones entre miembros del equipo de campaña y los grupos aliancistas, cancelaciones de giras e incluso contradicciones en torno al reencauzamiento de la estrategia de campaña, Ricardo Anaya, el candidato presidencial de la coalición Por México al Frente, se muestra sombrío. Su apuesta ahora, durante las cuatro semanas que le restan a su campaña, es enarbolar la bandera de la “recuperación de la paz” en el país, aun cuando voces panistas consideran que ya se le acabó el tiempo.
“¡Apenas me avisaron ayer!”, se quejaba, exasperado, el senador panista Jorge Luis Preciado, la mañana del martes 22, después de organizar, a distancia y contra el tiempo, la repentina visita de Ricardo Anaya a Colima. “¡Traen un relajo con la agenda!”
El equipo de Anaya escogió Colima para el primer mitin estatal tras el debate del domingo 20, en Tijuana, Baja California, a donde Preciado lo acompañó como uno de sus voceros y sólo pasó a la Ciudad de México a cambiarse de ropa y tomar otro avión a su tierra.
Parecía que no se ocuparían las 600 sillas que el senador ordenó colocar en un patio de la feria de Colima mientras acompañaba a Anaya a Manzanillo a una reunión de estructuras electorales y simpatizantes –sin avisar a los medios–, pero finalmente el mitin, muy modesto, se consumó.
Al día siguiente, miércoles 23, este mismo video motivacional se exhibió en Guadalajara, Jalisco, en el salón del hotel Hilton que congregó a clientelas de los partidos Acción Nacional (PAN), de la Revolución Democrática (PRD) y Movimiento Ciudadano (MC) que apoyan a Anaya, pero que entre ellos se detestan.
Las caras largas de panistas estatales contrastaban con la autosuficiencia de los de MC, que se habían hecho cargo de la organización de la reunión “ciudadana”, pero que la víspera, se quejaron, se la “aventaron” al PAN. Peor: El equipo de Anaya instruyó a sus correligionarios locales panistas a convocar a una rueda de prensa a las 8 horas, pero el candidato llegó a las 9:15.
Por eso, cuando entró en un salón, fue recibido con silbidos y reclamos directos por la impuntualidad, lo que le endureció el rostro como a los panistas jaliscienses frente a los prosélitos del candidato de MC a gobernador, Enrique Alfaro, el mismo que afirma que Anaya es preparado, pero “su defecto es que le cuesta mucho trabajo conectar con la gente”.
Alfaro ni siquiera se sentó, en primera fila, junto a sus rivales del PAN, Miguel Ángel Martínez, y del PRD, Carlos Orozco. Ocupó un lugar a un costado del salón, junto a Dante Delgado. Y cuando Anaya nombró a los tres aspirantes, fue estruendosa la ovación al emecista.
Serios también, en primera fila, estaban Raúl Padilla, el cacique de la Universidad de Guadalajara y artífice de la propuesta cultural de Anaya, y Fernando Guzmán Pérez Peláez, candidato a gobernador del PAN en 2012 y jerarca de El Yunque en Jalisco, al lado de Marco Antonio Adame, coordinador de Asuntos Internacionales de ese partido y jefe político de esa misma organización de ultraderecha.
Y fue ante ellos, en momentos en que afloran voces derrotistas, que Anaya hizo público un compromiso con sus simpatizantes, con ímpetu pero con semblante sombrío, que se acentuó después de que en el segundo debate estuvo lejos de ser contundente.
En este contexto, voces panistas han comenzado a asumir que Anaya avanza hacia la derrota, como la del excanciller Luis Ernesto Derbez, quien buscó ser candidato presidencial del PAN, y el senador Francisco Búrquez.