Por Mathieu Tourliere

CIUDAD DE MÉXICO (apro).– El propio presidente estadunidense Donald Trump provocó que miles de personas se sumaran al llamado éxodo centroamericano, que partió con apenas 160 personas de San Pedro Sula el 12 de octubre, y llegó a estar integrada por más de 7 mil personas en Tijuana, de acuerdo con un estudio que publicó este martes el Colegio de la Frontera Norte (Colef).
El documento explica que muchos de los integrantes del éxodo supieron de la caravana a través de su “amplísima difusión” en la televisión, la radio y las redes sociales, la cual a su vez fue generada por Trump, quien no cesó de criticar el éxodo y amenazar a los gobiernos de Centroamérica durante el periodo previo a las elecciones intermedias en Estados Unidos, que culminaron el pasado 6 de noviembre.
“Los tuits de Trump, sus declaraciones y las de su gobierno, provocaron la reproducción de miles de artículos periodísticos y la propagación de noticias sobre la caravana no sólo en la región centroamericana y mexicana, sino en el mundo entero”, sostiene el informe.
De acuerdo con el documento, el 49% de los integrantes de la caravana se unió en Honduras, el 20.5% lo hizo en Guatemala, el 0.7% en El Salvador, el 21.6% en Chiapas y el 6.7% en otros estados de México.
A tres semanas de la llegada a Tijuana del éxodo, el Colef realizó ese estudio para entender y explicar el fenómeno de la caravana, desde su origen hasta la gestión de la emergencia humanitaria por parte de las instituciones mexicanas.
El pasado 22 de noviembre –fecha en que el Colef levantó una encuesta–, la mitad de los mil 37 entrevistados tenía entre 18 y 19 años, y la mayor parte eran hombres y viajaba solo, mientras que las mujeres viajaban con entre uno y cuatro familiares.
Y no sólo esto: ocho de cada cien integrantes del llamado éxodo centroamericano varados en Tijuana eran profesionistas o técnicos en Honduras cuando decidieron abandonar sus casas para sumarse a la caravana que atravesó el país el mes pasado, según un estudio que publicó hoy el Colegio de la Frontera Norte (Colef).
Entre los demás, una quinta parte de los encuestados eran trabajadores artesanales –entre ellos albañiles, plomeros, instaladores, e yeseros–, otro 18% era conformado por trabajadores agrícolas, mientras que la quinta parte de las mujeres eran amas de casa.
La mitad de los encuestados afirmó que tenía la intención de cruzar a Estados Unidos, –las mujeres y ancianos pensaban pedir asilo al vecino país en mayor proporción que los varones jóvenes–, mientras que la quinta parte de ellos indicó que preferiría quedarse en Tijuana.
La caravana es la parte más visible de un fenómeno migratorio mucho mayor: entre 2013 y 2016 cruzaron por México entre 260 mil y 392 mil personas centroamericanas, el 80% de los cuales tuvo que pagar más de 5 mil dólares a “guías” y servicios de coyotes para llegar a Estados Unidos sin ser detenidos y deportados por agentes del Instituto Nacional de Migración (INM), según indicó el doctor Óscar Contreras, del Colef, durante la presentación del informe.
“Las caravanas de migrantes constituyen una opción de movilidad que permite dar visibilidad, acompañamiento y protección a los migrantes por parte de organizaciones sociales, medios de comunicación, y organismos de derechos humanos”, indica el documento.

Apoyo y rechazo
Durante el paso del éxodo por México, “algunos gobiernos locales brindaron apoyos tales como carpas, alimentos, servicios de salud y convocaron a la ciudadanía mientras que otros manifestaron actitudes de rechazo o franca animadversión”, establece el estudio.
Citando un sondeo de la encuestadora De las Heras Demotecnia, en los primeros días de la caravana en México, el 52% de la población pensaba que debía permitirse el libre acceso a los migrantes y brindarles oportunidades, mientras que el 32% pensaba que había que cerrarles el paso.
“Igualmente, las manifestaciones de la ciudadanía al paso de la caravana fueron muchas veces de gran solidaridad y amistad, y en otras ocasiones de enojo o incluso de agresión contra los migrantes”, añade.
Ello también ocurrió en Tijuana, donde los primeros contingentes llegaron a mitades de noviembre, y sumaron hasta cerca de 7 mil personas.
Durante las primeras tres semanas, las autoridades instalaron a las miles de personas en el campamento de emergencia, instalado con improvisación en la Unidad Deportiva Benito Juárez, pegada a la línea fronteriza y a escasos kilómetros del puerto fronterizo de El Chaparral.
Pero no sólo esto: en Tijuana, capital una de las ciudades más violentas del país, donde por lo menos tres organizaciones criminales se disputan el espacio, “un grupo de migrantes de esta magnitud representa importantes oportunidades de negocio para grupos criminales, tales como el cobro a los migrantes por el servicio de cruzarlos a Estados Unidos y la venta de drogas”, plantea el informe.
Y agrega: “también existe la posibilidad de que algunos grupos criminales pretender reclutar migrantes para sus organizaciones”.