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MIAMI — La historia del huevo y la gallina.

Siempre he pensado que ser entrenador en jefe en la NFL es más difícil que dirigir cualquier otro deporte.

Claro está que al final del día lo más importante son los jugadores, que al final del día deben ejecutar efectivamente el plan de juego para tener éxito. Pero no subestimemos la importancia de los entrenadores.

Cuando Jared Goff salió de la Universidad de California, yo pensé que sería una estrella. Sin embargo, no sólo le costó ganarse la titularidad, sino que cuando jugó parecía un mariscal promedio; su entrenador era Jeff Fisher, un conservador de antaño que hacía lucir hasta a John Fox agresivo.

Tengo claro que existe un proceso de adaptación en los novatos, y que generalmente les toma un tiempo ser el jugador que pueden ser. Aunque en este caso, yo veía a Goff y lucía tan dubitativo que sólo me quedó pensar que me había equivocado en mi evaluación de él.

Hasta que llegó Sean McVay. Un genio ofensivo, cuyos creativos diseños de plan de juego hacen que casi siempre haya dos o hasta tres receptores sin marca, o alternativamente que haya un emparejamiento favorable para la ofensiva.

¿El resultado?

Goff empezó a florecer frente a nuestros ojos ya el año pasado guiando a la ofensiva más potente de la liga a los playoffs. Y esta temporada después de cuatro partidos, está en la corta lista de candidatos al MVP.

Los entrenadores tienen una influencia vital en el éxito de sus equipos, y específicamente de sus mariscales. A punto tal, que hasta he pensado que los mariscales de peso deberían tener una cláusula en su contrato que les permite bloquear a ciertos nombres que ellos piensan que puedan atentar contra su desarrollo.

Así de importante es que entrenador y mariscal tengan la misma visión, sean creativos, y por sobre todas las cosas sean agresivos. Porque generalmente el que juega a no perder, termina perdiendo.

Por suerte ese conservadurismo que apremiaba a la liga desde sus inicios, ahora está cambiando de la mano con la modificación de las reglas. De hecho, creo que existe una tendencia de moda, en la cual los entrenadores están dispuestos a tomar más riesgos.

Sólo basta con ver esta pasada semana, en la cual dos entrenadores tomaron riesgos inusuales que tuvieron resultados diferentes.

En un momento dado, fue Mike Tomlin quien decidió ir constantemente por dos puntos tras anotar un touchdown. Uno de los pioneros fue Bill Belichick, cuando se arriesgó en cuarto intento en su propio territorio ante los Colts de Peyton Manning porque no quería darle el ovoide; fracasó y fue muy criticado. Pero esas situaciones que era la excepción a la regla, y que estaban reservadas para aquellos entrenadores con espalda y seguridad laboral garantizada.

Ahora, volviendo a esta pasada jornada cuatro, el riesgo parece ser más la norma.

Los Tennessee Titans son el equipo que más me ha sorprendido en este inicio de temporada, dado que, a pesar de importantes lesiones, han logrado sacar triunfos inesperados ante muy buenos equipos. En parte, se debe a que su entrenador Mike Vrabel ha ingeniado un plan de juego casi perfecto en cada uno de los encuentros. Los Titans tienen una defensiva de elite, cuya agresividad se contagia del hombre que está en las laterales.

Vrabel decidió no conformarse con el gol de campo en tiempo extra ante los Eagles,se arriesgó en cuarto intento, tuvo éxito, y a la postre ganaron el partido con un touchdown de Corey Davis.

En Indianapolis, Frank Reich tomó un riesgo similar, aunque en su caso se arriesgó en su propio territorio en cuarto intento cuando quedaban menos de dos minutos en el tiempo extra ante un rival divisional como los Texans.

“Yo no juego a empatar”, diría después del partido Reich.

Los Colts no tuvieron éxito en cuarto intento, y los Texans terminaron ganando su primer partido de la temporada con un gol de campo. En el momento, no me gustó esa decisión de Reich porque estaba enfrentando a un rival divisional, y un empate sí es mucho más valioso que una derrota en esta instancia, y a la sentí que había mucho más por perder que por ganar con esa decisión dada la situación de juego.

Pero a la vez me puse a pensar que, aunque cada situación debe analizarse por separado, el resultado de la jugada no debe ser la razón de nuestra forma de pensar, y que hace tiempo lucho porque haya entrenadores más agresivos, dado que el modo preventivo me sacaba canas.

Y consulté con tres jugadores –dos activos, uno retirado– para ver lo que pensaban de estas decisiones. A todos los encantó la decisión, y llegué a la conclusión que a veces tenemos que no sólo valorar más a los entrenadores, sino también analizar un panorama más macro.

Es decir, cambiar la mentalidad de un equipo empieza con el liderazgo y con este tipo de decisiones. A veces no funcionan a corto plazo, pero los equipos se forjan a futuro sabiendo que juegan a ganar y que las palabras miedo o seguridad laboral no existen un domingo cualquiera.

Ni que hablar de la presión que ejercen sobre el rival. Una salió y otra no, pero aplaudo ambos riesgos pese a que creo que uno fue más calculado que otro.

Así como valoro mucho a los entrenadores, a la vez estoy casi siempre del lado de los jugadores en situaciones contractuales.

El corredor Le´Veon Bell, quien se reportaría a los Steelers en la semana 7, está en todo derecho de exigir un contrato que creo que se merece. Y aunque no fue la decisión popular en muchos, está tomando un riesgo, en sus ojos calculado, al no presentarse a jugar mientras tanto.

¿La lógica?

Me utilizan demasiado, me puedo lesionar, y me cuesta millones de dólares. Es fácil juzgar con el dinero de otro, pero imagino que ver la lesión de Earl Thomas, que seguramente le costó millones de cara a la próxima temporada, nos hizo pensarlo más detenidamente.

Las lesiones son parte intrínseca del juego, de hecho, le ocurren prácticamente al 100 por ciento de los jugadores, sólo que algunas son más severas que otras.

Los jugadores merecen contratos garantizados, al igual que sucede que otras ligas, y estoy convencido de que tendremos una huelga en el próximo acuerdo laboral hasta que eso cambie.

Dicho sea de paso, me topé con este EXCELENTE COMERCIAL SOBRE BELL.

Esta semana fue sencillo, encontrar LA RECEPCIÓN DE LA SEMANA, y ni siquiera tuvimos que esperar al domingo.

Y mientras vemos a una camada joven de mariscales brillar, les recuerdo que Eli Manning sigue estando detrás de centro para los Giants. En una era donde las reglas han cambiado y los puntos están a la orden del día, los Giants no anotan más de 30 puntos en un encuentro desde el 2015.

Mastiquen un rato esa estadística si no quieren deprimirse en New York.

El Padrino diría: “No es personal, son negocios”.