En el 2012, México tenía 37 millones de usuarios de Internet. Ahora son 71.3 millones. En promedio, cada año se han incorporado casi 6 millones de internautas. En un poco más de un lustro, la población conectada a la red pasó de ser un tercio del total a dos tercios. A este ritmo, a finales del próximo sexenio, toda la población de México estará conectada a Internet.

Los números dan cuenta de un proceso de cambio social impresionante. En esta década hemos vivido la muerte de la televisión analógica; el boom de las redes sociales y el desarrollo de interacciones en línea cada vez más sofisticadas: servicios públicos y colaboración creativa entre particulares. Hay luces y sombras, es comercio electrónico pero también ciberdelitos.

México ha avanzado mucho y relativamente rápido, pero no hay que engañarnos. El mundo va más rápido que nosotros. Estamos alrededor del número 70 en el ranking de competitividad en tecnologías de la información que elabora el Foro Económico Mundial (WEF, por su sigla en inglés). El sector público obtiene las mejores y las peores notas en la evaluación del WEF. El uso de las tecnologías de la información para interactuar con la sociedad es el punto mejor evaluado; lo peor es la capacidad del Poder Judicial para resolver disputas relacionadas con el mundo digital.

La mirada del WEF es interesante, pero no es la única a tomar en cuenta para saber dónde estamos. La encargada de la Estrategia Digital Nacional, Yolanda Martínez Mancilla, reconoce que hay mucho que hacer en, cuando menos, cuatro aspectos: convertir en una realidad para todos el derecho constitucional al acceso a Internet; avanzar en la implementación de un gobierno digital; combatir con eficacia los ciberdelitos y dar pasos significativos en el uso de la inteligencia artificial.

La tarea es gigantesca y se llevará muchos años, pero hay que reconocer a Yolanda Martínez claridad de visión y realismo. Habla de retos que trascienden el calendario sexenal y que van más allá del sector público. Es fundamental la aportación de las empresas y las personas. Hay una ciudadanía digital en construcción, esto implica derechos y obligaciones. Diálogo y aceptación de reglas del juego: compromiso para contribuir al combate de los ciberdelitos y un mayor esfuerzo ciudadano en la defensa de los derechos en línea de los menores de edad.

El avance de México en el campo digital es notable, pero no puede evitar reproducir la desigualdad que nos caracteriza: 86% de los usuarios de Internet vive en ciudades. La población rural está casi al margen, como lo está en muchos otros aspectos relacionados con el progreso. Llama la atención que otro de los grupos con menos acceso a Internet es el de las mujeres mayores de 55 años.

¿Vamos más rápido en el uso recreativo del Internet y las tecnologías de información (TI) que en los usos productivos de las mismas? Todo parece indicar que sí. La encuesta del Inegi refiere que las principales actividades de los usuarios de Internet son obtener información (96.9%), entretenimiento (91.4%), comunicación (90.0%), acceso a contenidos audiovisuales (78.1%) y acceso a redes sociales (76.6 por ciento). Incrementar el uso productivo de las tecnologías de la información es uno de los retos más importantes para México. En el gobierno, las empresas, las escuelas y los hogares.