La muerte esta semana de un adolescente con escasa preparación ha generado toda una serie de reflexiones, en torno a la juventud mexicana; ¿de esto se trata?

CIUDAD DE MÉXICO.

Hace unos días Juan Luis Lagunes departía como siempre, borracho, enmedio de amigos y bellas mujeres. Su vida transcurría entre su personalidad dicharachera, el alcohol, las drogas y el sexo, además de las videocámaras donde registraba cada una de sus andanzas, para transmitirlo todo, pues fue así, haciendo apología de la violencia, sintiéndose narco sin serlo, disfrazándose de bufón, como se hizo famoso.

No en vano tenía en su cuenta de Facebook la friolera cantidad de un millón cien mil seguidores.

Era huérfano y vivía con su abuela en Villa Juárez, Navolato, antes de escapársele para aventurarse en Culiacán, y comenzar lavando coches.

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Una botella de Buchannans pegada al cogote lo hizo famoso. Sus barbaridades, a punto del coma etílico, trascendieron las redes sociales.

Pero de bufón del narco pasó, la madrugada del martes, a cifra oficial.

Ya no ríe. Ya no insulta, dejó de arremeter contra esa “bola de envidiosos que me critican” después de que insultó en una transmisión en vivo a Nemesio Oceguera, líder del Cartel Jalisco Nueva Generación.

“A mi el Mencho me la pe…”, se atrevió a decir antes de que sus acompañantes cortaran la trasmisión. Demasiado tarde; el daño estaba hecho. Es suspicacia digital el que haya muerto bajo las órdenes de su agraviado.

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