Por Martín Elías Robles

EL EFECTO ELECTORERO

Con esto de las elecciones, los candidatos y sus partidos políticos se han encargado de recordarle a la ciudadanía todo lo que quienes recién han llegado al poder no han cumplido. Es la misma historia de siempre. Las elecciones también sirven para desnudar las fantasiosas promesas que nunca se vuelven realidad, dijera doña Vikki Carr; promesas para que promesas si no son de corazón. Ahora que, también quienes aspiran al poder encuentran en los errores de quienes gobiernan, su principal pretexto para llevar agua a su molino. En ese juego de dimes y diretes, creo, todos pierden, no sólo el probable voto, sino la poca credibilidad que se tiene de los políticos mexicanos. Todos salen a opinar sobre el monstruo llamado corrupción, sobre los desfalcos, y la apatía social de quienes han gobernado, o gobiernan actualmente, sobre las sinvergüenzadas de quienes buscan un escaño en el Congreso de la Unión; y para desgracia de la sociedad mexicana, todos, sin excepción, tienen sus pecados tatuados en la frente. Mire usted, amigo lector; por ejemplo aquí en Nayarit, el nuevo gobierno del “Cambio” no las ha tenido todas consigo, el estatal y el municipal están caminando muy lentamente. La ciudadanía se ha quejado porque hasta el momento no se ha hecho algo importe que dé realce y confianza en los actuales gobernantes; vamos, se dice que los nuevos están muy lejos de lo que prometieron en campaña. Ahí tiene usted también al Ayuntamiento de Tepic, no hay manera de ponerles un punto a su favor, este debe ser uno de los peores gobiernos municipales que hemos tenido, el problema de los baches en las calles, la iluminación en las colonias, el tema de la recolección de basura, y el calvario con el agua potable en SIAPA, es queja de todos los días. Pero no nomás en Tepic se está sufriendo con los pésimos servicios municipales, la molestia es en muchos municipios del estado. Volviendo al tema electoral, sin duda, las elecciones 2018 han ocasionado un efecto distinto que está provocando el despertar ciudadano, que nos está sacando de nuestro letargo para concientizar el voto, para no sufragar a lo tonto. Es un efecto que puede generar un real cambio en toda la nación, de tal modo que los poderes políticos podrían quedar en nuevas manos, lo que seguramente ya ha iniciado una revolución de conciencia entre los ciudadanos; en la clase política, en los sectores intelectuales, artísticos y culturales; en los gremios periodísticos, en el mundo empresarial, en la clase social baja, media, y en la cúspide donde están los grandes inversionistas y acaudalados de esta nación, donde se mueve la gran economía. México muy probablemente a partir de julio próximo podría sufrir una metamorfosis, que de darse, todos esperamos sea para bien. Ciertamente, ahora mismo hay una lucha de poderes, en la que buscan mantener sus intereses quienes hoy gobiernan, y de quienes pretenden alcanzar la primera magistratura del país, una lucha que es férrea y que traerá grandes sorpresas que pueden no ser agradables, pero que seguramente darán rumbo, desarrollo y certeza a esta vapuleada nación… EL TEPIC DE LOS OCHENTAS. Ahora que se avecina el mes de junio, tiempo en que llegarán las lluvias; justo cuando en la entidad todo se pone verde, y la tierra se humedece con un olor muy especial a hierba fresca con brisa de mar; cuando los nanchis y las guanábanas perfuman el ambiente; mucho recuerdo que fue en ese mes cuando hace años llegué por primera vez al paraíso llamado Nayarit. Entonces, apenas observé el amanecer de Tepic, y supe que jamás me volvería a ir de aquí. Era el Tepic de hace 45 años, el de las casas de adobe y los techos de teja, el de los caballos y carretas con leche bronca, o cruda, el de las calles empedradas y angostas de la ciudad chiquita; una ciudad que ya tenía autos, televisión en blanco y negro, y teléfono en algunas casas de gente pudiente. Era la capital del estado, la que no tenía grandes tiendas, ni hoteles de mucho lujo; la gente que deseaba gastar su dinero regularmente hacía sus viajes a Guadalajara, paseo que le servía de distracción, pues en Tepic como no fuera el cine, o las vueltas a La Loma y La Alameda, no había otra cosa en qué se ocuparan los fines de semana. Ciertamente en el terreno deportivo estaban los estadios de beisbol y fútbol a donde los parroquianos acudían para despejar la mente y echar fuera sus enojos y frustraciones, sobre todo en el estadio de fútbol, el Nicolás Álvarez Ortega, donde jugaba el equipo de casa, el Deportivo Tepic, que militaba en la segunda división de fútbol profesional, ¡Ah que tardes! Y luego, que noches tan fabulosas pasamos con los partidos de los Coras. En verdad amábamos aquel equipo. Era en el principio de los años 80s, cuando casi toda la gente asistía al mercado “grande” el que todavía está a un costado de la Plaza Principal, “el Juan Escutia”, para comprar el jugo de naranja, y prácticamente todo lo necesario para llevar a la cocina de la casa. Ya le seguiré contando de este bello Tepic.
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