LA CONCIENCIA RELIGIOSA

Todo mundo sabemos que desde hace siglos en México, la relación del Estado con la Iglesia Católica ha tenido sus etapas álgidas, pero también ha habido tiempos de sosiego y entendimiento aterciopelado. Para qué entrar en detalle con estos pasajes de la historia nacional que un día ocasionaron la separación total de la Iglesia con el Gobierno, una situación que quedó delineada en los preceptos de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. En la raza Azteca existen en la práctica de las manifestaciones religiosas, sentimientos humanos que van más allá de los mandatos establecidos. Ciertamente en México está la libertad de convicciones éticas, de conciencia y de religión de toda persona, pero existe también el documento constitucional que señala a este país como una República laica, condición que limita el comportamiento público de los gobernantes respecto a su relación con sus creencias religiosas. Precisamente sobre este espinoso tema, déjeme contarle amigo lector sobre la manera tan particular en que algunos gobernantes han insistido en mantener su religiosidad y su fe en sus creencias, manifestándolas abiertamente por encima de lo que la Constitución establece. Así, en este tenor, durante muchos años hemos visto como los gobernantes, diputados, líderes de partidos políticos, y alcaldes, consagran y entregan a Dios las esperanzas de bienestar social para sus gobernados; bueno, hasta un representante de un gobierno estatal alguna vez envió una carta al Papa, pidiéndole “como gobernante y sobre todo como hombre de fe” una oración para los ciudadanos de su estado de México. Luego, también se ha visto en algunos titulares del Poder Judicial, allá por el Cerro de la Silla en Nuevo León, dedicar a Dios su responsabilidad de administrar justicia. Claro que estas actuaciones de los funcionarios públicos quebrantan uno de los preceptos constitucionales sobre los que se cimenta la democracia, como es la laicidad que marca la neutralidad religiosa respecto a las acciones administrativas del Estado, tal como lo señalan los artículos 24 y el 130 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Pero es aquí justamente donde tal vez ya sea hora de ir pensando en una nueva reforma constitucional que dé flexibilidad, y a la vez rigurosidad a la importante figura del Estado Laico; que magnifique la posición gubernamental respecto a sus derechos como Estado, pero también que se sensibilice y se dé apertura de creencia a los funcionarios públicos, siempre que se manifiesten en lo propio y lo personal sobre su postura religiosa. Desde luego que hay muchos inconvenientes, acciones difusas que pudieran señalarse como incontrolables respecto a la expresión de una preferencia religiosa, pero en estos tiempos donde todo está cambiando de manera vertiginosa, por qué no habría de intentarse una nueva manera de entender y acatar el mandato del Estado Laico. Sin ir tan lejos en las interpretaciones, en la esencia de la Constitución se señala sobre la libertad de religión que toda persona tiene; y en la reforma de 1992 se establece que el Congreso no puede dictar leyes que establezcan o prohíban religión alguna, de ahí que en las limitantes de los gobernantes respecto a la expresión de sus credos, indudablemente algo pudiera cambiar… LOCURAS DE LA POLÍTICA. ¿Usted qué opina, amable lector? No cree que en este país estemos locos de remate, ciegos de verdad. Increíblemente me entero que los artistas, los deportistas, y los payasos han decidido entrarle a la política de manera seria; bueno, ellos que son un espectáculo pretenden evitar que los “auténticos” políticos sigan dando el otro espectáculo, el de la vergüenza y la mediocridad, con las inaceptables acciones de corrupción y valemadrismo. Cómo andaremos en esta vapuleada nación que personajes como Cuauhtémoc Blanco y Sergio Mayer, el Garibaldi, entre otros, ahora se anden candidateando para competir por algún puesto de elección popular, al igual que en su momento lo hizo doña Carmen Salinas “la ínclita señora de la farándula”; tal vez será que los partidos políticos descubrieron que a los mexicanos nos agrada el teatro en toda su expresión, al grado de abrir los espacios para que los maestros del drama y la comedia nos convenzan con sus propuestas llenas de picardía y sensibilidad cultural. Oiga, lo más probable es que los que manejan los hilos de la política nacional descubrieron que a la gente ya no se le engaña tan fácilmente, por lo que para no perder el poder ahora están incluyendo a los de la farándula en sus proyectos políticos, para seguir chupando de la ubre gubernamental. Y es que en estas tierras aztecas pasan tantas cosas que ya no sabe uno ni que pensar; ya ve lo que ocurre con los comunicadores y la franqueada libertad de expresión que ya parece una utopía en este país, donde decir la verdad puede significar que los periodistas acaben sin chamba o acribillados. Todo mundo se puede enterar de la corrupción que impera en el sistema político, de los abusos a la sociedad, de las sinvergüenzadas, pero del comentario quedito, secreto y verdadero, el que se cuenta por debajo de la mesa, ese no debe salir a la luz pública. Así las cosas en nuestro México lindo y querido. Hasta pronto.
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