Mi miedo a la soledad

Por Sergio Rodríguez Bonilla

Existe una tendencia de la población de percibir a la soledad como algo malo, como una situación en la cual ningún ser humano debe de estar, porque si llegas a estar solo es sinónimo de ser un fracasado. Me metian el miedo con palabras como “Nadie te va a querer”, y entonces ahí, nació mi necesidad de ser querido. Cuando me dijeron “Te vas a quedar solo”, entonces ahí, nació mi necesidad a estar acompañado. Me di cuenta que mi miedo a la soledad era un producto de las palabras que me habian dicho los demás, fui influenciado a tener miedo a una parte de mi vida bastante amada… Mi soledad. Estar solo no es ni bueno ni malo, simplemente estas solo y ya, y dependiendo de cada uno es la forma en como esto será percibido. Escuchaba los reclamos de los demás en frases sencillas como “Me vas a dejar hablando solo”, “Me van a dejar comiendo sola”, “y voy a tener que ir yo solo…”, pero cuando me puse a reflexionar sobre ello, no sabía realmente que significaba estar solo. En el consultorio, me he topado con muchísimas respuestas comportamentales ante el miedo a la soledad, algunas personas han puesto en riesgo su salud con tal de estar acompañadas, otras han sufrido engaños y desengaños amorosos y se mantienen con esa persona siempre y cuando no las dejen, otras, hasta se volvieron también alcohólicas, drogadictas, etc. Hay quien con tal de no estar solo, traiciona sus propios principios y hasta sale mal con su familia porque ya llegó esa persona que le hace sentir “completud”; no digo que el estar acompañado es malo, quiero hacer énfasis en que la patología se presenta cuando el miedo a la soledad es motivo de acciones que van en contra de nuestra integridad. Estar acompañado es sanísimo, es una parte de nuestro ser social, pero nuestro miedo a la soledad nos lleva a exigir al otro que se quede, y que rellene esos huecos que nos hicieron creer que teníamos cuando nos dijeron palabras como las anteriormente mencionadas, de esas que te hacen creer que la soledad era un enemigo. En una ocasión atendí una paciente joven, desesperada, que ya no disfrutaba estar con su pareja, toleraba maltrato y violencia por parte de él, soportaba las peores vejaciones que una mujer pudiese tolerar, y aun así sufriendo eso “dudaba” si dejar a su pareja o no, sus amigas le decían “pues no seas tonta, déjalo”. Claro, que fácil es opinar cuando tú no estás viviendo la situación, que fácil es opinar cuando no te hicieron creer y sentir que estar solo es un peligro. Al momento de ir conmigo a consulta le dejé claramente entendido que ella no tendría en ese momento la habilidad de poderlo dejar, ya que el rellenaba muchas cosas que ella siempre creyó que no tenía, desde la parte afectiva hasta lo sexual, y en el momento que esos requisitos se cumplen, pues claro que resulta difícil dejar a quien los proporciona. El costo de esas satisfacciones eran los engaños, los maltratos, y el daño a la salud. “Prefiero matarme, que estar solo”, esa es la filosofía de muchos en nuestra sociedad. La soledad no es mala, tienes muchos beneficios, pero solo existe una forma de enfrentar el miedo… Intentándolo. Cuando la gente no lo quiere intentar, me recuerda a aquel clásico paciente con obesidad que le dicen que su problema es el sedentarismo, y que necesita ponerse a hacer ejercicio y balancear su dieta, y que en respuesta dice “Es que me canso, y no me gustan la verduras”; claro que hacer ejercicio es cansado, pero es enriquecedor, claro que no a todos nos gustan las verduras, pero nos ayudan a seguir viviendo. Cuando una persona le tiene miedo al cansancio, le tiene miedo a vivir. El miedo a intentar hacer cosas diferentes, es una forma de suicidio, una forma de morir. La vida, la vida es para aquellos que se atrevieron a hacer cosas extraordinarias por amor… Por amor a sí mismos, por el auto-respeto. A usted que me está leyendo, déjeme decirle que todo lo mejor y lo bueno de la vida se encuentra allá… Al otro lado del miedo.

Sígueme en Facebook como:
Sergio Rodríguez Bonilla
Psicólogo/Psicoanalista
Citas al 2 12 51 18

Compartir
Artículo anteriorDesfile de protestas
Artículo siguienteUn mundo de corrupción