¿Quién soy yo?

Durante mucho tiempo he estado por la vida sin preguntarme muchas cosas, sin preguntarme cuales son las que quiero y sobre todo, porque quiero esas cosas. Hacía mis actividades porque así me decían que tenía que ser, que tenía que creer en dios, que tenía que estudiar una carrera, que tenía que casarme y tener hijos, y sobre todo, cuidarme de que la sociedad no hablara mal de mí. Así que a causa de ello tuve que hacer muchas cosas que iban en contra de mi propia voluntad, porque el rechazo duele, y más cuando es tu propia familia la que te rechaza por no ser lo que ellos quieren que tú seas. Tuve que fingir una personalidad que no era la mía para poder “encajar”, porque el ser “original” para mis amigos y seres queridos, era ser lo que ellos querían que yo fuera; y durante muchos años estuve en conflicto conmigo mismo porque no era aceptado por los demás, pero… Como iba a ser aceptado por los demás si para empezar ¡yo no era aceptado por mí mismo! Era muy fácil echarles la culpa a los demás, y no hacerme responsable sobre mis propias decisiones. Al fin y al cabo, el decidir dar gusto a la sociedad era tomar una decisión, y era yo quien la tomaba; el miedo al rechazo, el miedo de no ser aceptado y aceptar que no me acepten seguía siendo decisión mía. Lo que más odiaba era ser parte de algo que no quería ser parte, entonces ¿por qué seguía ahí? Por miedo, y el miedo hizo que yo aceptara mí no aceptación. Recuerdo haber tenido expectativas sobre los demás, y hasta llegaba a enojarme con ellos porque no me adivinaban el pensamiento, porque no le atinaban a lo que yo quería que fueran, y al más mínimo grado de frustración, explotaba. Recuerdo haberme enojado con los demás por no tener un grado de consideración conmigo!!! Me enojaba con los demás porque no se compadecían de mí por las mismas decisiones que iban en contra mía y que al fin y al cabo yo tomaba; y eso solo se le podía llamar de una forma: EGOISMO. Toda la atención que siempre quise para mí, por toda esa atención ahora había desarrollado una habilidad muy manipuladora para obtener la mirada de las personas, a veces victimizándome, a veces alabándome a mí mismo, a veces dándole la importancia inmerecida a mis actos porque sabía que nadie más se la daría, es decir, tuve que ponerme la importancia que sentía que me merecía de alguna u otra forma.
Es cierto, tuvo que pasar mucho tiempo para que yo me diese cuenta de ello, pero más que nada, para aceptar que yo era así, de que yo mismo me había formado así, porque no fueron los demás, sino lo que yo permití. Como lo mencione antes, accedí a muchas cosas que no eran de mi agrado, y ya no necesitaban presionarme, sino que ciertas circunstancias ahora lo hacían, y por inercia simplemente me presionaba yo mismo a dar gusto a alguien que no fuese yo. Entre ese bastante tiempo que tuvo que pasar quedaron huellas de cosas horribles que no me agradaron, marcas que no se quitarán jamás, y que siguen ahí y al recordarlas duelen, pero no es tan malo; ahora, que soy un poco más consciente de mí, necesito de esas marcas, para que me recuerden lo que no debo permitir nuevamente, lo que no debo ser, y lo que no debo ser es esa persona que da gusto a los demás por una muestra de cariño; yo no estoy para mendigar atención, pero como me hubiese gustado haber tenido este conocimiento hace algunos años. ¿Quién soy yo? Soy el resultado de muchas cosas que permití, y aunque en muchas ocasiones me destruyeron, en una ocasión alguien me hizo una pregunta bastante interesante… ¿y ahora, que puedes hacer con lo que queda de ti? La respuesta es: mucho, puedo seguir haciendo mucho por mí con lo que queda de mí; que es cierto, que aunque no puedo volver al pasado y cambiarlo, las cosas doloras que me ocurrieron sucedieron por eso, por no ser consciente y responsable sobre mí, y pague como debe de ser esa consecuencia, entonces, pague lo que hice mal, y como buena deuda, ya está saldada. Entonces, ahora tengo una siguiente oportunidad de hacer las cosas, he obrado tan mal en mi vida que ahora tengo una nueva oportunidad de cambiar mi futuro, de cambiarme para gustarme a mí, y que se quede el que se quiera quedar, porque como decía el maestro Eduardo Galeano: Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos. Aunque esta columna no me va a alcanzar para terminar de contar quien soy yo, lo quiero resumir en la siguiente afirmación, que en el doloroso camino que es vivir, yo soy lo que he permitido que los demás hagan de mí; y ahora, quiero ser lo que yo he decidido que quiero ser.
Sígueme en Facebook como:
Sergio Rodríguez Bonilla
Psicólogo/Psicoanalista
Citas al 2 12 51 18