Por Hiram Chávez

1era Parte

Durate la época de la institucionalización de la iglesia católica en el imperio Romano, el cristianismo se había convertido en una amenaza que debía de ser aniquilada a como diera lugar.
No era un camino facil para la iglesia ya que existian otros cultos aparte de los cristianos; las creencias religiosa de los mismos emperadores, como el dios sol, o incluso la misma imagen del emperador, entre otras corrientes.Sin embargo, tanto los emperadores como la iglesia católica compartian profundos sentimientos de aversión contra los cristianos.
Los cristianos no participaban en política; estaban aislados, como lo estaban los judíos de la principal corriente de la sociedad. Por su parte, la iglesia católica había progresado considerablementeen sus intenciones,las cuales eran sustituir a todas las demas religiones en el Oriente.
Tras un edicto del emperadorMarco Ulpio Trajano, cuando alguien era acusado con pruebas de ser cristiano, se le ofrecía el perdón si este se abjurase de su religión sujetándose a la religión de Estado. Este edicto, creó consiencia de que el cristianismo constituía legalmente un crimen.
Julia Domna, emperatriz, (170 – 217 D.C.) esposa del emperador romano Septimio Severo, reunió grupos de intelectualestratando de efectuar cierta especie de gradación de divinidades que expresasen algo así como una unidad divina. Sin duda un principio unificador que combinaba a las distintas religiones, con el objetivo de generar una oposición definida en contra del progreso del cristianismo.
La traición siempre ha sido parte escensial de la igelsia católica; mientras el protestantismo crecía de manera constante por los países europeos, los pontífices se ingeniaban para detener el avance de este, recurriendo al veneno, al puñal, a la traición, a los más terribles tormentos y alos asesinatos en masa; tenian que defender el poder papal, y fue el papa Pío V quien proyectó la salvaje masacre de la “Noche de San Bartolomé”.
Siendo Catalina de Médicis la que gobernaba en Francia, se empeñóen fomentar aun más el odio de los católicos en contra de los protestantes; en París se encargó de tan criminal taréa, el hermano del cardenal de Lorena.
Año 1561, Francia. Existían cuestiones religiosas que causaban una inestabilidad para el reino; para ello, Catalina de Médicis, de San Germán, convocó a una asamblea general que debería celebrarse en la ciudad de Poissy. Un diálogo interreligioso llamado “El coloquio de Poissy”.
A la reunión asistieron: seis cardenales, cuarenta obispos, gran numero de doctores de teología, los legados del papa, el general de los jesuítas Laynez, 27 diputados protestantes y doce ministros evangélicos; el resultado, en lugar de paz, se desencadenó una encarnizada guerra entre los ejércitos católicos y los ejércitos de los reformados.
En 1960, el Papa Juan XXIII, fundó el “Secretariado para la Unión de los Cristianos”. El “Decreto Conciliar sobre el Ecumenismo” fue promulgado por el papa Paulo VI, el 21 de noviembre de 1964, durante la celebración del Concilio Vaticano II, con la finalidad de promover la unidad de las ‘iglesias cristianas’ con la católica.
El Unitatis redintegratio explica así el ecumenismo: “Única es la Iglesia fundada por Cristo Señor, aun cuando son muchas las comuniones cristianas que se presentan a los hombres como la herencia de Jesucristo”. Reconoce que el “movimiento ecuménico” conlleva el deseo de restablecer la unidad y que es una “divina vocación y gracia”. Así, el ecumenismo es aquello que busque que lo que está dividido pueda volver a unirse en un solo elemento, es decir, que las denominaciones protestantes o evangélicas vuelvan a la comunión con el catolicismo.
Continuará…