Por: Hiram Chávez

Hombres nacen y mueren en este mundo por millones; todos y cada uno de ellos sujetos a la ley inquebrantable de la vida: nacer, crecer, reproducirse y morir. Muchos nombres son recordados por sus heroicas acciones aun después de su muerte, más su recuerdo termina cuando llega otro que supera las acciones anteriores.
Sin embargo, existen hombres que honran a la humanidad en su transitar por este mundo; que no solo dejan huella en la historia, sino una marca en el corazón de millones; un ser especial con dones excepcionales, cuya palabra convence a la razón; su mirada deja una paz distinta en el alma; hechos que trascienden más allá de la comprensión de la mente humana, que nos llevan a superar los más imposibles obstáculos y a conquistar lo humanamente inconquistable.
Hombres cuyo valor infunde seguridad; su liderazgo es marcado por su ejemplo. No hablamos de hombres que luchan por la paz del mundo, sino de seres que impregnan a la humanidad con su existencia; seres cuyo destino es marcado por el eterno desde antes de su nacimiento; santificados desde el vientre; llamados por Dios para una misión; sustentados por una elección divina; dotados de una visión que trasciende el tiempo y espacio; son amigos de Dios.
Los hombres extraordinarios no nacen todos los días, cual estrellas fugaces no se observan todo el tiempo, pero adornan el firmamento a su paso. Me considero un hombre afortunado al tener la dicha de conocer a uno de ellos, al único que habita la tierra: Naasón Joaquín, mi padre, a quien dedico estas líneas: mi mayor inspiración, mi héroe, mi luz, mi guía, mi aliento, mi maestro, mi protector, mi ejemplo; quien me enseña a vencer mis temores, quien me motiva a jamás voltear hacia atrás, quien me enseña a confiar en Dios, vivir agradecido con Dios y esperar solo en Dios; a quien me enseña a perdonar, a respetar, a caminar firme y adelante; a quien, cuando caigo, con su mirada tierna y mano extendida me levanta y me impulsa a ser mejor cada día, a quien me impulsa a superarme en todos los sentidos en que un hombre puede y debe superarse; a quien me enseña a amar la vida presente, y buscar la eterna.
Este martes 7 de mayo, el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, Presidente Internacional de la Iglesia La Luz del Mundo, cumple 50 años de vida; hoy me uno a la algarabía que embarga a millones de fieles que, desde 58 naciones de los 5 continentes del orbe, extienden sus más sinceras felicitaciones; y desde este espacio, quiero felicitarle por el jubileo de su vida: anhelo que el todopoderoso impregne de satisfacción, alegría y salud su vida, y que la paz de Dios que despide su existencia, llegue hasta los confines de la tierra; porque en su vida, esta nuestra vida. Felicidades amado padre.