VIEJOS LOS CERROS Y; ENVERDECEN

Reza el refrán: ‘De valientes y tragones, están llenos los panteones’. Eso quiere decir que los que pasamos de los sesenta; ni somos valientes ni somos tragones. Más bien, somos de una cepa precavida; adaptable a los problemas de la vida y con suerte de estar ‘vivitos y coleando’. Hemos tenido la suerte de transitar las etapas de la vida; de haber conquistado una pareja y disfrutado de las verdes y las maduras; conocer hijos y nietos, y luchar contra los achaques de la vida. Vivir y gozar de nuestras andanzas y travesuras; patentizando el dicho: ‘Cuando joven, de ilusiones; cuando viejo, de recuerdos’.
Disfrutar de lo versátil del tiempo y lo contradictorio del criterio humano; porque la vida da vueltas y vueltas; unas veces se está arriba y otras abajo. Nada permanece estático, todo cambia; aunque unos la vean de una forma y otros de diferente manera; se cumple la relatividad de Einstein.
Dicen que nada es verdad ni es mentira; todo es de acuerdo al cristal con que se mira; por ello tratamos de hacer lo mejor, aún, cometiendo errores; porque aveces vencen los impulsos hormonales, sobre los mandamientos celestiales. Tenemos alma y corazón que vibran con la frescura del rocío; al igual que los cerros, verdes cuando llueve.
A nuestra edad, ya hemos recorrido mucho mundo; saboreado triunfos y derrotas; hemos crecido a golpes, como las vejigas; potreándonos y aprendiendo los regalos de la vida; conocemos más de la experiencia, porque más sabe el diablo por viejo, que por diablo.
Aprendemos de todo estando siempre inquietos y activos y; como Jacinta, nos le hemos pelado a la muerte. No cantamos victoria, porque la parca siempre triunfa. Curamos nuestras heridas buscando la mejor medicina; porque para todo hay remedio, menos para la muerte.
Seguimos la trayectoria del tiempo sin dar nuestro brazo a torcer; pero aceptamos la sentencia universal, de que todo tiene un principio y un final. No obstante, mientras se tenga vida hay esperanza; la esperanza de estar bien con la naturaleza, con la sociedad, con uno mismo y, principalmente, con la familia.