Por Rigoberto Guzmán Arce

CUENTO DE NAVIDAD

1 DE 2 PARTES

Estuve a punto de que todo me pasara en el regreso de Managua a la Ciudad de México en aquella época navideña. Salimos de la capital nicaragüense un 20 de diciembre y en un vendaval de dificultades, mi amigo Santiago y yo recorrimos el. Norte de Nicaragua hasta llegar a Somoto casi en la frontera con Honduras en tiempos de guerra y Contras. Dormir en un catre de maderos y buscar salir para ir de país en país. Ingresando a Honduras a mi amigo lo toman preso por ser simplemente nica y a un compañero mexicano que conocimos cruzando la aduana en zona de nadie, nos intimidaron y prepararon armas para fusilarnos, nos dieron un ultimátum para seguir el camino hondureño y nos pusieron margen de horas, en caso contrario nos iban a desaparecer. Asustados cruzamos y llegando a la frontera con El Salvador, los oficiales me robaron dos maletas y un costal de libros. Reclamé con el riesgo que me golpearan. Exigí que se presentara el Comandante, a la hora llegó. Nos pusimos a dialogar y me regresaron los libros. Había toque de queda, nos quedamos velando la noche, eran los tiempos de guerrilla salvadoreña. Con miedo no dormí. Simplemente me daba mucha tristeza saber que estaba tan lejos de mi pobre madre y ella sin saber que su hijo Beto estaba en peligro.
Allí en la frontera nos pidió un soldado que lo lleváramos porque quería desertar, que era tanta la violencia. Cruzamos El Salvador entre volcanes y vías de ferrocarril destruidas, ingresamos a territorio guerrillero. Desde que estábamos en Honduras el compa mexicano comenzó a beber alcohol y manejando, se llamaba Alberto Ancona, él venía desde Venezuela por asuntos de negocios y punto, no me daba respuesta, solamente me contaba su vida en fragmentos. Se le terminaba la bebida y me bajaba a buscar más, terrible cuando agarraba las curvas de la carretera del litoral, preferí venirme también tomando, rumiando mi desgracia. Llegando a la frontera de Guatemala era de noche y Alberto hasta las chanclas, había dos mujeres sospechosas cómo gancho de una pandilla que se encargaban de robar, nos pidieron un aventón a un poblado cerca. Rápido reaccioné, cuando llevé los pasaportes a la ventanilla y antes de sellarlos, le pedí al oficial que no nos dejara cruzar por el motivo de que mi compañero estaba ahogado en alcohol, le rogué y accedió. Se baja Alberto a reclamar se quería llevar a las chicas, el clásico mexicano coqueto. Después de media hora ya no podía hablar ni caminar, lo llevé a rastras a un pequeño hospedaje que era un corral con cuartos de puertas movibles como baños de playa. Claro escuché las conversaciones de los hombres con las chicas. “Por ese hijo de puta, no nos salió el plan”. No dormí pensando en que entrarían para ahorcarnos. Era veintidós de diciembre y me sentía tan solo.
Nos levantamos atontados y nos enfilamos al cruce, delegaron a un policía que a duras penas habló en el trayecto, ni se inmutó de mi compañero que seguía tomando. El paisaje por toda la carretera del litoral, pueblos pequeños y más bebida. Toda la mañana y tarde viajando, llegamos a Tecun Uman y nos despedimos del oficial, ni su nombre supimos. La frontera con México, Ciudad Hidalgo y su cruce de balsas. Nos revisan pasaportes y sentimos cierto alivio. Pasamos por Tapachula y de noche se pincha una llanta, así seguimos hasta Ciudad Arriaga, ubicamos un taller mecánico, no había servicio era domingo, nos quedamos estacionados a un lado, mientras la gente festejando, jóvenes tomando, me sentí triste recordando mi ambiente. Sin dormir por la música. En la mañana esperamos que abrieran, el mecánico revisó y dijo que era el disco. No creo que tenga uno como este, es para LTD. Entramos al huesario e increíble!, había uno. Nos salvamos. De gusto le di los últimos veinte dólares que traía para el gas. Antes de llegar a Tonalá me dijo que no iba a México, se quedaría en el Puerto Arista de Chiapas. Me engañó. Me dijo que me dejaría en la terminal, salgo corriendo con todas mis cosas y veo que sale un camión para México. Me subo, me comenta el chófer que no llevará pasaje, va de regreso por órdenes superiores, le ruego que me lleve de polizonte, acepta y le entrego lo último que traigo de moneda nacional. Es 24 y estamos en Oaxaca y me revisé las bolsas y solo traía para pedir un huevo estrellado con agua.
La noche mexicana y sus pueblos somnolientos a orilla de carretera, entramos a Veracruz, Puebla y se percibe la gran Ciudad de México, trasnochada en su Navidad, después del festejo de la Nochebuena. Me duele el alma. Voy de copiloto y voy haciendo planes para cuando llegue a la terminal, pedir un taxi y que me lleven a la dirección donde vive mi tío Chuy, le voy a pedir prestado. De pronto me habla el chófer: amigo no voy a la terminal, me voy a ir a mi casa, dónde quieres que te deje? Sentí escalofríos. Torpe contesté, pues por dónde pasen taxis. Me dejó en Calzada Zaragoza, se fue, me dejó como un fantasma. Eran las cuatro de la terrible y fría madrugada.