Por: Martín Elías Robles

VIDAS DISTINTAS Y HUMANAS

Es una verdadera tristeza que los vicios como el alcohol y las drogas terminen volviendo a muchas personas en seres improductivos y dependientes, hay gente muy talentosa, exitosa en lo que hace, y con una vida feliz, la que un buen día casi sin saberlo termina enredada en los vicios que dan al trasto con su existencia. Fíjese usted que conozco el caso de una amiga artista a quien el alcoholismo le ha dado muchos problemas, me refiero a la cantante y actriz Robertha, tal vez usted la recuerde porque ella fue protagonista de aquella película clásica del cine mexicano llamada “Rosas blancas para mi hermana negra” cinta que protagonizó al lado de Libertad Lamarque, o tal vez recuerde la película de “Vidita Negra” que filmó junto a Mauricio Garcés. Robertha de nacionalidad peruana un día llegó a la ciudad de México acompañada de su madre (la famosa cantante Fetiche un icono del medio artístico en Perú) buscando una oportunidad. y creo que jamás se imaginó el éxito que llegaría a alcanzar, pues por decirle algo, es de las pocas artistas que ha logrado alternar en un escenario con el gran Paul McCartney, compositor y cantante integrante de The Beatles. Bueno, pero han pasado muchos años de su exitosa carrera que se dio allá por los años 70s, yo le conocí hace como 7 años cuando vino a la ciudad de Tepic invitada por un amigo común, entonces descubrí su afición a la tomadera, y aunque la señora estaba entrada en años todavía conservaba una voz impresionante, que llegué a imaginar en los grandes escenarios y con un buen trió musical acompañándola en temas como “Angelitos negros” que alguna vez grabó y dio a conocer con éxito, pero su alcoholismo seguramente fue un difícil obstáculo para que decorosamente siguiera en el espectáculo. Hoy Robertha lleva viviendo dos años en el Perú donde tal vez terminará su carrera que sin vicios como el alcohol la hubiera mantenido vigente en el gusto y la memoria de la gente que le conoció cantando y actuando con singular estilo… DON ARMANDO MANZANERO. GENIALIDAD Y SENCILLEZ. Dicen por ahí que las personas más talentosas, inteligentes y sabias suelen ser también los individuos más sencillos y nobles, tal vez por la tranquilidad que  les da el saberse seguros de su personalidad; en bastantes ocasiones he tenido la oportunidad de conversar y amistar con estas personas que a los ojos de los demás son seres especiales, a veces, como dicen por ahí, tocados de la mano divina; son artistas, escritores, maestros, pintores, cantantes, grandes empresarios y políticos exitosos, quienes siempre muestran su real afabilidad ante los demás ciudadanos. Que sensación tan agradable toparse con estos seres humanos  a los que con sólo conocerles ya se les aprende algo. Mire usted, amable lector; si me lo permite le voy a platicar una curiosa anécdota que viví hace algunos años, cuando me dedicaba a buscar fortuna en el ambiente artístico. En una ocasión fui a visitar al maestro Armando Manzanero al edificio de la Sociedad de Autores y Compositores de México, ya le había conocido en un festival nacional celebrado en la ciudad de Guadalajara Jalisco, donde luego de intercambiar algunas palabras me ofreció que le viera en el Distrito Federal para escuchar algunas de mis canciones, así que ni tardo ni perezoso un buen día me aparecí en su oficina. Recuerdo que llegué con su secretaria a pedir una cita, y mi primera sorpresa fue que la atenta señorita me informó que con el maestro no se pedía cita, que bastaba con que el artista me viera en la recepción para que me pasara a su oficina, de tal modo que me instalé en uno de los cómodos sillones en espera del gran Armando Manzanero. Luego de algunos minutos divisé que por el pasillo venía el famoso compositor con un platito en la mano comiéndose una quesadilla; vestía un modesto pantalón gris, una camisa blanca y una chamarra negra que hacía juego con sus zapatos impecablemente boleados. Llegó a la puerta de su oficina, volteó, me vio y me saludó como si fuéramos grandes amigos invitándome a pasar a su privado. Él que es una enorme personalidad del ambiente artístico se comportó de lo más sencillo; me dedicó todo el tiempo que fue necesario, creo que más de lo que yo esperaba, y me despidió como si hubiera estado platicando con otra de las personalidades a la que está acostumbrado a tratar. Ahí entendí que los seres humanos no tenemos que hacer alarde de superioridad, ni ver a los demás por abajo del hombro; si don Armando Manzanero que es tan famoso, millonario y ampliamente reconocido en su trayectoria artística es tan sencillo y humano, no entiendo por qué muchas personas con menos talento y reconocimiento que él se muestran prepotentes y altaneras tratando de hacer menos a los demás. En fin, de todo hay en la viña del Señor, pero nunca es tarde para recapacitar en que, a los ojos de Dios todos somos iguales, algunos con algunas virtudes y otros con otras, pero todos con capacidades que nos hacen especiales y dignos de ser respetados. 

Hasta pronto. robleslaopinion@hotmail.com