Por: Martín Elías Robles

RECUERDO AÑEJO DE LA FARÁNDULA

Hace años cuando iniciaba mi carrera de compositor, un amigo mío que trabajaba en el rancho del afamado cantante de boleros Víctor Yturbe “El Pirulí” alguna vez escuchó mis canciones que le parecieron buenas para que las interpretara el bolerista de México; en aquel entonces me propuso invitarme a la casa del cantante, que era buen amigo suyo, para que escuchara mis temas. Justo por esos días yo debía salir de urgencia a un concurso nacional de compositores de provincia que se celebraría en Tijuana Baja California, así que le pedí de favor esperara a mi  regreso para poder acompañarlo al rancho. Todo el camino rumbo a Tijuana pensé en la gran posibilidad de que a don Víctor Yturbe le agradaran mis canciones, ni siquiera el tercero y cuarto lugar nacional que le traje a Nayarit me hicieron olvidar el asunto. Ya de regreso, en el tren, porque en ese tiempo aquí a Tepic llegaba el tren de pasajeros que venía del norte, escuché la conversación de unas personas que algo acongojadas comentaban que al querido cantante Víctor Yturbe “El Pirulí”, le habían acribillado en la puerta de su casa, justo el día en que nosotros estábamos participando en el evento nacional. Desde luego que una gran tristeza invadió mi corazón; la muerte del cantante a quien como todo el mundo conocí por sus famosas canciones y sus presentaciones en televisión, me hicieron reflexionar en que nadie tenemos la vida comprada, y de una forma u otra nos podemos ir de este mundo cuando menos lo esperamos.  Por otro lado, es claro que cuando algo no te toca, simple y sencillamente no te toca. Me quedé con el sueño de escuchar mis canciones en la voz del mejor cantante de boleros que ha dado México. Hubiera sido fantástico… MI ABUELA Y MI ABUELO. Hace Tiempo asistí a una conferencia de estas motivacionales que van más que nada dirigidas a la búsqueda de una buena relación entre parejas matrimoniales. Realmente este tipo de eventos son buenos, porque aunque uno no esté pasando por algún problema conyugal, algo se aprende para entender que el respeto y la atención constante hacia nuestra pareja es la base de una relación duradera. Hace tiempo contaba en alguna de mis columnas periodísticas como era la relación amorosa de mis abuelos maternos, Rosario y Elías, que en paz descansen. Mi abuelo era un hombre sumamente celoso que no le permitía a mi abuela salir a la calle sin estar cubierta de la cara con su velo, y mucho menos alzar la vista para ver algún hombre que fuera pasando por la calle, lo suyo era un amor enfermizo, siempre estaba amenazando a mi abuela con matarla, pues él imaginaba que lo engañaba, aunque ella no tuviera tiempo ni para respirar, pues se dedicaba a cuidar a los 11 hijos que habían procreado juntos, por cierto en una pobreza lamentable, porque Elías, apenas si ganaba dinero como músico, cuando todas las noches agarraba su tololoche para irse a guipear a las cantinas. Fueron muchos años los que mi abuela le aguantó sus celos y amenazas, hasta que un día se armó de valor, y cuando mi abuelo trataba de asustarla afilando su verduguillo, cosa que hacía todas las mañanas para amedrentarla, ella le aventó con la piedra del molcajete que por poco le estampa en la cabeza. Fue la última pelea, él se fue de la casa para nunca volver. A los años cuando mi abuelo estaba agonizando en el hospital pidió que le llevaran a su Chayito para pedirle perdón, pero mi abuela que era una mujer muy rencorosa se negó a ir a verlo, ni los hijos ni nadie le convencían de ir a despedirse de su esposo; tuvo que ir el padre de la Catedral de Tepic para decirle que como buena cristiana debía dejar su rencor y acercarse a su esposo. Sólo así aceptó ir al hospital para despedirse del que fue el único hombre en su vida, su amor y su alegría, pero también quien le hizo muy infeliz en muchas ocasiones… DE DIEGO Y FRIDA. Cuando Diego Rivera conoció a Frida Kahlo ya era un hombre de mucho mundo que había viajado por Europa y había disfrutado de la delicia que representan las mujeres, era un hombre entrado en la madurez pero que no obstante seguía con un gran vigor en esas cosas de la sexualidad.  A los cuarenta y tres años se casó con Frida, una judía mexicana de 19 años que fue una gran pintora para el mundo. Se cuenta que durante el noviazgo y matrimonio Diego mantuvo relaciones con otras mujeres, algo que Frida permitió al considerar que eran gustitos propios de un genio, pero cuando se enteró que también se estaba acostando con su mejor amiga, Frida se fue a Nueva York y ahí se vengó manteniendo infinidad de relaciones amorosas. Ante las infidelidades de ambos, los Rivera se divorciaron, pero curiosamente un año después se volvieron a casar, bajo condiciones de Frida, que ella se mantendría con su propio arte, y que ya no volvería a mantener relaciones sexuales con Diego. 

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