De todos colores

 Qué tal, amigo lector; pues con la novedad de  que aquí en Nayarit han iniciado con las demandas judiciales en contra de algunos ex funcionarios corruptos del sexenio pasado; la verdad es que los ciudadanos estamos desencantados con ese tema donde siempre las autoridades hacen un escándalo y acaban por no castigar a nadie. Los supuestos corruptos se las ingenian para salir abantes de las acusaciones; porque se amparan, pagan fianza, utilizan sus relaciones y conectes políticos, y acaban por doblegar al sistema judicial, donde siempre hay lagunas jurídicas que le permiten a un buen abogado evitarle la cárcel a su cliente. Así que finalmente no agarran a nadie, y si lo hacen, en menos que canta un gallo los delincuentes quedan libres, entonces como diría mi tía Eduviges, en eso de imponer la justicia, hasta no ver no creer… LA VOX POPULI. En el estanquillo de la esquina, doña Lucía la tendera platica apasionadamente de política con doña Jovita, mientras yo pacientemente espero que me despache. “Si creen que las afrentas al pueblo por parte de los que se fueron ya se nos olvidaron, pues se equivocan, ahora va la nuestra”, comenta con ademán enérgico doña Luci, a lo que Jovita agrega: “En este país la corrupción es lo que nos está dando en la madre”. Así, sin pelos en la lengua se expresa la madura mujer, que no obstante su apariencia sencilla y modesta, parece estar también muy bien informada de lo que se dice en las noticias locales y nacionales. ¿Y usted, qué opina don Martín? Me pregunta con ojos inquisidores Luci.  -Opino que quiero un kilo de huevo, medio de tortillas, y una leche. -Jajaja, se me olvidaba que usted sólo da su opinión en los periódicos y en el facebook; aquí en la tienda todo mundo habla lo que quiere, y créame, la conclusión a la que hemos llegado es que hace falta una buena sacudida para que el país cambie para bien, acuérdese don Martín que la voz del pueblo es la voz de Dios… LA CALLE (Carta a mi hijo) del escritor italiano Edmundo De Amicis. Aquí le transcribo tan original escrito: Te observaba desde la ventana esta tarde al volver de casa del maestro; tropezaste con una pobre mujer. Cuida mejor de ver cómo andas por la calle. También en ella hay deberes que cumplir. Si tienes cuidado de medir tus pasos y tus gestos en una casa, ¿por qué no has de hacer lo mismo en la calle, que es la casa de todos? Acuérdate Enrique: siempre que encuentres a un anciano, a un pobre, a una mujer con un niño en brazos, a un impedido que anda con muletas, a un hombre encorvado bajo el peso de su carga, a una familia vestida de luto, cédeles el paso con respeto; debemos respetar la vejez, la miseria, el amor maternal, la enfermedad, la fatiga, la muerte. Siempre que veas a una persona a la cual se le viene encima un auto, quítale del peligro, si es un niño; adviértele, si es un hombre. Pregunta siempre qué tiene el niño que veas solo llorando. Recoge el bastón al anciano que lo haya dejado caer.  Si dos niños riñen, sepáralos; si son dos hombres, aléjate para no asistir al espectáculo de la violencia brutal que ofende y endurece el corazón. Y cuando pase un hombre maniatado entre dos guardias, no añadas a la curiosidad cruel de la multitud, la tuya: puede ser un inocente. Cesa de hablar con tus compañeros y de sonreír cuando encuentres, o una camilla de hospital que quizá lleva un moribundo, o un cortejo mortuorio,  porque ¡quién sabe si mañana no podría salir uno de tu casa! Mira con reverencia  a todos los muchachos de los establecimientos benéficos que pasan de dos en dos, los ciegos, los mudos, los raquíticos, los huérfanos, los niños abandonados; piensa que son la desventura y la caridad humana los que pasan. Finge siempre no ver a quien tenga una deformación repugnante, ridícula. Apaga siempre las cerillas que te encuentres encendidas al pasar; el no hacerlo podría costar caro a alguno. Responde siempre con finura al que te pregunte por una calle. No mires a nadie riendo; no corras sin necesidad y no grites. Respeta la calle. La educación de un pueblo se juzga, ante todo, por el comedimiento que observa en la vía pública. Donde notes falta de educación fuera, la encontrarás  también dentro de las casas. Estudia las calles, estudia la ciudad donde vives, que si mañana fueras lanzado lejos de ella, te alegrarías de tenerla bien presente en la memoria, y de poder recorrer con el pensamiento tu ciudad, tu pequeña patria, la que ha constituido por tantos años tu mundo, donde has dado tus primeros pasos al lado de tu madre, donde has sentido las primeras emociones, abierto tu mente a las primeras ideas, y encontrado los primeros amigos. Ella ha sido una madre para ti: te ha instruido, deleitado y protegido. Estúdiala en sus calles y en su gente; ámala, y cuando oigas que la injurian defiéndela.  Tu padre. 

Hasta pronto.
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