Por: Martín Elías Robles

LA ALGARABÍA

     A finales de los 70s, principios de los 80s, aquí en Tepic, las celebraciones de Año Nuevo eran muy especiales en las casas de la pequeña ciudad capital. Por ejemplo; en la casa de mi abuela Chayo la fiesta era memorable, desde temprana hora del día 31 de diciembre la acogedora finca de adobe y teja empezaba a llenarse con la visita de los hijos, los nietos, los primos y toda la parentela que tradicionalmente festejaba la llegada del año. Ese día la casa era adornada como si fuera una plaza de pueblo; con heno, bombas de colores y adornos navideños que colgaban de hilazas que se amarraban de pared a pared; se preparaba la consola y los discos para amenazar el bailongo, y se ponían a helar las bebidas. Al medio día se percibía el olorcito sabroso del mole con pollo, los frijoles puercos y la sopa de arroz rojo que la abuela preparaba tan deliciosamente.  Así llegada la noche, todos corríamos a arreglarnos, con nuestras mejores galas para recibir al año nuevo como se debe. A las 10 de la noche era la cena en un amplísimo comedor, tiempo justo para la charla familiar, el cafecito, y desde luego el ponche de frutas que nunca faltaba. Al evento no sólo acudía la familia, también los amigos porque en ese entonces no existían estas cosas de medir los platillos y los invitados, siempre había un lugar para quien decidiera acudir, mi abuela preparaba unos cazuelones gigantes que alcanzaban para todo un regimiento. Una vez, en plena cena, se escucharon varios balazos en la calle, con tan mala o buena suerte que una de las balas cruzó las tejas y fue a incrustarse justamente en el centro de un plato que mi abuela acababa de levantar, sin duda debió ser un milagro de Dios que el disparo no le hubiera tocado a chayo, sólo partió el plato en dos. Pasado el susto la fiesta siguió con singular alegría. Es indudable que los tiempos cambian, las costumbres, y los modos de festejar; antes los fiestones familiares eran usuales, hoy en muchos casos los hijos prefieren celebrar fuera del seno familiar, y lo que es peor, hay quienes ya ni celebran. Las tradiciones decembrinas son una excelente ocasión para unir a las familias, de ahí que seguirlas fomentando es indispensable para que no mueran… DE FORTALEZAS.      Oiga, amigo lector; a usted no le ha pasado que en el camino de la vida se encuentra con obstáculos y personas que intentan a toda costa hacerle imposible la existencia, yo sí, aunque a  decir verdad, siempre he tenido la fortaleza para sortear las adversidades. Mire usted,  es muy fácil; simple y sencillamente ignore las malas vibras, piense en positivo, en la idea de que por más daño que le estén causando usted saldrá adelante. Ciertamente, hay veces que pareciera que el mundo se nos viene encima, pero créemelo, para todo hay solución, menos para la muerte. Algo debemos tener de importantes,  cuando los pequeños de mente intentan destruirnos. No hay que preocuparse ni maldecir al ingrato, las leyes de la vida son exactas, la maldad o la bondad tarde que temprano se regresa a quienes las expresan. En cuanto a los problemas, como decía una buena amiga, no son problemas, son situaciones a resolver. Hay un libro por ahí escrito con toda seriedad, con un título muy simpático llamado “Me vale madre”  Irreverente manera de expresar el sentimiento de fortaleza, aunque seguramente muy efectivo para ahuyentar el miedo y nuestros pesares… PARA LOS PERIODISTAS. De José Martínez Ruiz, “Estilo obscuro, pensamiento obscuro”: Todo debe ser sacrificado en la claridad. Otra cualquiera circunstancia o condición, como la pureza, la medida, la elevación, y la delicadeza, deben ceder a la claridad. ¿No es esto bastante? Pues para los puristas lo siguiente: “Más vale ser censurado de gramático, que no ser entendido”. Es verdad que toda afectación es vituperable; pero sin temor se puede afectar de ser claro. La única afectación excusable será la de la claridad. No basta hacerse entender; es necesario aspirar a no poder dejar de ser entendido. Sí, lo supremo es el estilo sobrio y claro. Pero ¿cómo escribir sobrio y claro cuando no se piensa de este modo? Cuando el estilo es obscuro, hay motivos para creer que el entendimiento no es neto. “Estilo obscuro.” Se dice claramente lo que se escribe del mismo modo, a no ser que haya razones para hacerse misterioso. ¡Admirable de exactitud y penetración! Recomendamos la sencillez y tornamos a recomendarla. ¿Qué es la sencillez en el estilo? He aquí el gran problema. Vamos a dar una fórmula de la sencillez. La sencillez la dificilísima sencillez, es una cuestión de método. Haced lo siguiente y habréis alcanzado el gran estilo: colocar una cosa después de otra, Nada más. Eso es todo.  “Las cosas deben colocarse -dice Benjaramo- según el orden en que se piensa, y darles la debida extensión.” Más la dificultad está… en pensar bien. El estilo no es voluntario, el estilo es una resultante fisiológica… Amable lector que tenga usted un gran Año Nuevo lleno de paz, salud, amor y mucha fortuna. Hasta pronto. robleslaopinion@hotmail.com