A ECHARLE GANAS

Por: Martín Elías Robles

Qué tal, amigo lector; hoy quiero comentarle de estas cosas que nos pasan en la vida, hace unos días dejó de existir un amigo que vivía aquí por mi barrio, es increíble lo frágiles que somos, y la rapidez con la que nos podemos despedir de este mundo; mi amigo una de estas mañanas salió a correr al parque y ya no regresó a su casa, le dio un infarto al miocardio. Lo comento porque también por estos días yo tuve la desgracia de enfermarme de dengue que se me complicó debido a la diabetes que padezco desde hace años; llegué malísimo al hospital, y según la doctora que me atendió, por mi azúcar tan elevada pude haber sufrido un coma diabético o incluso perder la vida. Gracias a Dios mejoré. lo positivo de esta experiencia es que pude darme cuenta que hay personas nobles que se preocupan por uno, y desde luego tuve la oportunidad de sentir el cariño y el aprecio sincero de mi familia, de mi esposa, de mis hijos, mis hermanos, cuñados y amigos Oiga, he escuchado sobre las deficiencias de los hospitales en el sector salud, de la falta de medicamentos, de las malas atenciones a los enfermos, y en muchos casos es cierto, pero yo tuve la enorme fortuna de ingresar al Hospital Rural número 22 del Instituto Mexicano del Seguro Social, mejor conocida como la Clínica San Cayetano, y en verdad, déjeme decirle, a mí me atendieron excelentemente los médicos, las enfermeras, los administrativos y todos quienes ahí laboran, son seres humanos extraordinarios, no pude haber llegado a un lugar mejor, que Dios les bendiga siempre. Como le comento, en esta vida estamos de paso, somos viajeros en este mundo, por eso es importante aprovechar nuestra existencia, echarle ganas a todo lo que emprendamos, vivir con alegría, cumplir nuestras metas, preocuparnos menos y vivir a plenitud, aunque el destino nos ponga en situaciones difíciles, aunque parezca imposible vencer los obstáculos, cuando los caminos se vuelven sinuosos siempre está Dios para reconfortarnos. Abrir los ojos todos los días ya es un regalo añadido al placer de la existencia... DE LA CORRUPCIÓN. Nuestro Premio Nobel de Literatura, el genial Octavio Paz, siempre creyó que la corrupción era herencia de nuestros ancestros, y no se equivocó, pero también aseguraba que al compartir esa corrupción, significaba la condena general para los de la tierra azteca, palabras dichas como si todos los mexicanos fuéramos corruptos; bueno, era el pensamiento del escritor en el siglo pasado. La corrupción existe, no hay ninguna duda, por mucho que tratemos de ignorarlo, de matizarlo, de disfrazarlo, es el terrible mal que lacera las entrañas de la nación mexicana, aunque las voces que son públicas lo expresen muy a su conveniencia. Los políticos por ejemplo, aducen que hablar sobre el tema es hacer la guerra sucia con fines electoreros, pero hay tela de donde cortar, cada mes surgen funcionarios y ex funcionarios del gobierno disfrutando de millones de pesos que han hurtado del erario... UNA ANÉCDOTA SOBRE EL GRAN JULIO CÉSAR CHÁVEZ. Ahí estaba yo bien apersonado en la sala de prensa de un conocido hotel de esta ciudad de Tepic; me hicieron la invitación, y aunque no sé qué carajos tenía que hacer en un evento netamente deportivo, de todos modos cumplí para no despreciar las finísimas atenciones de quienes me invitaron. Se trataba de la promoción boxística de la pelea estelar que fue protagonizada por Omar Chávez, el hijo del gran Julio César Chávez, el mejor boxeador mexicano de todos los tiempos. Fue una conferencia como todas; el informe, las preguntas y respuestas, la clásica foto oficial, la foto con los admiradores, y la conocida sonrisa siempre fingida de las estrellas del deporte. Debo reconocer que la presencia de Julio César Chávez impone, la leyenda del boxeo significa mucho para quienes hemos seguido su fenomenal carrera, él es el vivo ejemplo del esfuerzo y la tenacidad para ser un exitoso. Indudablemente su vida ha estado llena de altibajos, pero indiscutiblemente es y será el ídolo de los mexicanos. Confieso que estuve maravillado de tenerle cerca, apenas a cinco sillas de distancia, lo suficiente para escuchar lo que el monarca del box platicaba íntimamente sin el asedio de los micrófonos y las cámaras. Durante la sección de preguntas y respuestas, al parecer un suspicaz comunicador le preguntó a una de las autoridades del deporte alguna imprudencia, porque Julio que escuchaba atento volteó con su compañero de mesa y le comentó, literalmente, “qué pregunta tan pendeja”. Yo me quedé admirado; el gran Julio, el hombre que seguramente ha tenido oportunidad de estar ante los medios informativos más importantes del mundo, con la gente más famosa y las cadenas televisivas de primerísimo nivel, cómo puede expresarse de esa manera, algún asunto habría de tener en mente para haber dejado escapar tamaño improperio que por fortuna no escuchó el periodista. Una insolencia que le perdonamos por ser la figura que es, y lo mucho que el hombre le ha dado al boxeo de México y el mundo. Claro que el florido lenguaje del gran Julio César lo conocemos todos. Hasta pronto. robleslaopinion@hotmail.com