LA ESPERANZA DE LOS MEXICANOS

Por: Martín Elías Robles: Qué tal, amigo lector; hoy es sábado 14 de marzo, fin de semana y quincenita en la tierra Cora. Entrando de lleno al comentario político; Oiga, no dudo ni tantito que las acciones implementadas en el gobierno federal del Presidente Andrés Manuel López Obrador, llevan las mejores intenciones para sacar al país adelante; el plan republicano donde se busca democratizar las acciones en bien de todos, pinta para ser un plan cercano y moderno, que nos invita a pensar en una administración dinámica y futurista donde se delineen inteligentemente los caminos que se deben seguir para enderezar las estructuras mal encausadas que durante tantos años evitaron el eficiente desarrollo social, económico y político de la nación. Aquí lo importante será que los guerreros de esta administración federal, los funcionarios en quienes el Presidente ha puesto toda su confianza, no le fallen. La lectura parece ser muy clara; trabajo, honestidad, lealtad, y empeño en lo que se hace, francos elementos que conforman la política de la cuarta transformación. Indudablemente una tarea difícil, pero no imposible de acatar. Dice el mandatario López Obrador que con el nuevo sistema de gobernabilidad se conseguirá administrar al país bajo metas esenciales que llevarán a la paz, y que generarán la educación de calidad, la prosperidad, la igualdad social. Aún con todo ello, y sin dejar de pensar en la estabilidad que se nos ofrece, uno no deja de reflexionar en el malévolo fantasma de la corrupción que ha tantos ha tentado, y que tanto daño nos ha hecho como nación, porque a decir verdad, todavía no se nos ha dicho cómo se combatirá este problema tan arraigado en los gobiernos mexicanos. En fin, las intenciones del gobierno obradorista son muy halagüeñas, veremos más adelante... DE TIEMPOS Y NOMBRES. Hoy es día de Santa Matilde. Me acordé de los nombres y el calendario. Qué bueno que a mis padres no se les ocurrió la graciosa idea de ponerme el nombre de acuerdo al calendario, si no que friega me hubieran puesto con el apelativo; bueno, hoy en día parece que en eso de ponerle el nombre a los hijos ya se hace con más cuidado, pero ha habido épocas y modas para todo. Mire usted; después de que a nuestros abuelos les tocó la época de los nombres campiranos, como ocurrió en los años 50s, llegó un tiempo en que se pusieron de moda los nombres de telenovela, como el Carlos Augusto, o el Fernando José, allá por los 80s. Luego también llegó una extraña novedad, ponerle nombres en ingles a los mexicanos; de repente las actas de nacimiento empezaron a mostrar nombres como Brian, Kevin, y Anthony, nombres gringos que sonaban curioso, sobre todo cuando quien lo portaba era un niño moreno con las facciones autóctonas, reflejo de la identidad propia de nuestros ancestros aztecas. Claro que esta moda empezó por el gusto de la gente acomodada, quienes registraban a sus hijos con nombres extranjeros como una manera pomposa de dar identidad y alcurnia a sus retoños, ya después la población en general adoptó esta inapropiada costumbre. La verdad, en nuestro idioma y nuestra cultura tenemos nombres que son bonitos, no es necesario recurrir a extranjerismos. Sin tener que utilizar los nombres del calendario que a veces son horrorosos, a poco el nombre de María Guadalupe no es bello, digo, sólo por nombrar uno… GAJES DEL OFICIO. En la confianza de siempre, con la alegría de saludar al amigo político, a quien desde mi muy humilde columna le colaboré para que alcanzara el triunfo electoral, y el puesto importante que logró, en esa confianza me acerqué para hablarle; amigo como estás, le pregunté. Mejor ni lo hubiera hecho, su saludo parco y distante me dejó desconcertado; Bien, y usted, me replicó con la mirada en otro lado. Entonces entendí el mensaje; si no había motivo alguno para la frialdad, si no le había molestado en nada desde que llegó a su encargo, simple y sencillamente el amigo, el que antes me llamaba primo por un lejano parentesco de afinidad; o había perdido la memoria o por desgracia se había contagiado de ese mal que le pega a muchos políticos cuando llegan al poder “la arrogancia”. Mal entendemos la política y a los políticos quienes pensamos que tras el disfraz bondadoso y gentil de algunos candidateables hay hombres y mujeres de una sola pieza. Para mi desgracia, en lo personal soy de los que siempre caigo, tengo una mala costumbre de escuchar el canto de las sirenas, tal vez sea porque en términos generales he tenido la suerte de toparme con políticos nobles, gente buena que por mala suerte tiene que cargar injustamente con la etiqueta que le corresponde a otros, a los políticos mentirosos que engañan con promesas que nunca cumplen. Decía mi abuela que hacer el bien sin ver a quien es una obra que se premia desde el cielo, voy de acuerdo; pero, uno aprende, ahora antes de poner el trabajo a favor de alguien, primero habrá que ver si quien te pide la ayuda es persona de fiar, o si sólo se trata de un encantador de almas que ni las gracias sabe dar. robleslaopinion@hotmail.com