INTENTO DE SUICIDIO

Me encuentro arriba del puente peatonal, veo a un lado y a otro, como pasan rápidamente los automóviles en ambos sentidos, nadie se da cuenta de mi presencia, la vida allá abajo pasa vertiginosamente, mientras tanto, yo aquí arriba, intento deshacerme de mis múltiples problemas: no he encontrado trabajo, mis hermanos no me hablan, mi novia, la única novia que he tenido me dejó porque según ella, soy un vago, ni estudio ni trabajo. Ellos no saben que he buscado por todos lados, por todos los medios, pero aquí la vida en las grandes ciudades es más difícil, es una jungla de asfalto, una lucha por la sobrevivencia.
Me he subido al barandal, vuelvo a ver el tráfico automovilístico, estoy echando la última mirada que me llevaré a la tumba; el aire fresco que siento en mi cara, el cielo azul como pocos días, el verdor del cerro frente a mí, por las copiosas lluvias, estoy por aventarme al vacío, no sé si vaya a caer en el toldo de un carro. De repente, suena mi viejo celular, pienso que será alguno de mis familiares o quizá mi novia, contesto y escucho una voz que me llama por mi nombre, dulcemente, suavemente: “José…..¿eres tú…..?,¿estás ahí hijo….?,me pregunta, yo me quedo asombrado porque me ha hablado con mucha familiaridad como si me conociese desde hace muchos años, pregunto: quién eres,”Soy tu padre”, me contesta, ”perdona que no te haya llamado antes pero tenía millones de peticiones en todo el mundo, de personas como tú, quienes también se sentían desesperados por no hallarle sentido a su vida, porque creían que no tenía caso seguir ,adelante ,y que no había motivos para seguir viviendo…”,entonces me sentí apaciguado, tranquilo, sentí un calor humano como hacía tiempo no sentía, me sentí cobijado con aquella voz amorosa, entonces, decidí bajarme de la orilla del barandal, pisé piso firme en el puente, para continuar escuchando esa bondadosa voz: ”Hijo mío, siguió diciéndome la voz casi espiritual, todos en la vida tenemos nuestros momentos de crisis, a veces creemos erróneamente que no saldremos nunca de ellas”, prosiguió hablándome, “yo te pido por favor, que no atentes contra tu vida, piensa en la tristeza que le vas a provocar a tu madrecita con tu muerte, no hay nada más terrible para unos padres, que el ver morir a un hijo, la dejarás sufriendo, te lo digo yo que ví morir a mi hijo en la cruz. Te pido que te serenes, que analices, lo que puedes hacer todavía con tu grandiosa vida, tú eres único, irrepetible en este mundo; aunque sientas que estás perdido, y que aparentemente no haya motivos para seguir viviendo, tú no eres culpable de nada, grábatelo, as circunstancias te llevaron a este impulso suicida, pero esto pasará rápidamente…” .”He llamado a algunas personas que siempre me auxilian en la Tierra, vendrán a verte en algunos instantes, te pido que te vayas con ellos a platicar sobre tus problemas que crees sin solución, óyelos, escúchalos por favor, deja que ellos te orienten, te aconsejen, les he dado instrucciones para que refuercen tu autoestima, tu confianza en tí mismo, tus deseos de vivir, tu fortaleza, te ayudarán a recobrar la esperanza en la vida, que hasta hace unos momentos habías perdido”, “una vez que los hayas escuchado con atención, detenidamente, voy a pedir que después me visites en mi casa, para que platiques ahora conmigo, en silencio o en voz baja”, me decía la extraña y auxiliadora voz mientras yo permanecía impávido con el celular pegado a mi oído derecho.
Le hice caso, y días después lo fui a visitar a la iglesia, ahora me siento más tranquilo, menos temeroso, ya me dí cuenta que iba a cometer un error, apenas con mis veintiséis años pensaba en suicidarme.
Me he propuesto salir adelante con mis problemas, no debo atemorizarme antes ellos, cuento con el apoyo de mis padres, de mis hermanos, de la gente que me aprecia y a la cual le importo. Ya comprendí que las crisis no son eternas, sólo temporales.
Tengo que salir adelante, me he prometido no más intentos de suicidio, no más autodestrucción, no más sentimientos de culpa, si no he matado a nadie.
Tengo que ser feliz, pase lo que pase. Tengo derecho a ser feliz como cualquier otro ser humano. Esta es otra oportunidad que la vida me ha dado. No voy a desperdiciarla. Ahora debo decirme a mí mismo:
SÍ A LA VIDA, A PESAR DE TODO.