LAS ESCUELAS DE INGENIERÍA CRIOLLAS

Por Luis Melgar Carrillo. (lumelca@live.com.mx)

Cientos de estudiantes esperanzados en un mejor futuro, al considerar tener talentos y habilidades en el manejo de los números, toman la decisión de iniciar sus estudios universitarios en alguna carrera de ingeniería.
En la república mexicana en general, las escuelas de ingeniería, han recibido gran influencia de tres instituciones que han servido de modelo para el diseño de sus programas de estudio. Estos centros son la Universidad Autónomo de México, el Politécnico Nacional y el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. Estos tres centros de influencia han implementado una copia, casi calcada, de lo que se enseña en ingeniería, en las universidades de Gringolandia.
En los primeros años de cualquier ingeniería, muchas universidades, tienen programadas, una base común de asignaturas. Estos programas en general incluyen tres o cuatro cursos de matemáticas, dos o tres de física, uno o dos de química, uno o dos de electricidad, algún curso de estática, otro de dinámica, uno de termodinámica y alguno de resistencia de materiales. A partir de ese tronco común, las diferentes especialidades comienzan a diferenciar las asignaturas, en función de la especialidad seleccionada.
Muy pocas personas se han atrevido a cuestionar los programas de estudios de estas escuelas de ingeniería. Sin embargo es frecuente escuchar a profesionistas de trayectoria, que muchos de los conocimientos adquiridos en su formación profesional, realmente tienen muy poca o casi ninguna probabilidad de aplicación en nuestro entorno. Por ejemplo, el tema de las ecuaciones diferenciales no se puede aplicar casi en nada. Igual suerte se corre con el tema ridiculizado por los estudiantes, al denominarlo la “Trastornada” de Laplace”.
Muchas personas ajenas a los programas académicos de ingeniería, no están enterados, acerca de que en general, temas como los mencionados, incluyen conceptos de difícil comprensión. Sin embargo estos conceptos no sirven para casi nada en nuestro medio. Probablemente hay probabilidad de que en un centro de investigación puedan ser aplicadas estas altas matemáticas. Lamentablemente la gran mayoría de los equipos que se usan en el país, son importados y ya vienen diseñados. Estos productos se calculan en los lugares de los cuales provienen.
El suscrito es egresado en Ingeniería Industrial de una prestigiada universidad de Colombia, la Universidad Industrial de Santander. Allí las asignaturas propias de la carrera de ingeniería Industrial, exigía aprobar temas como Teoría de Colas, Programación Lineal, Investigación de operaciones, Programación Dinámica y Estadística Avanzada. Cualquier ingeniero industrial, después de más de diez años de ejercicio profesional, puede llegar a la conclusión de que estos temas tienen muy poca probabilidad de aplicación en las coyunturas laborales criollas.
Las autoridades académicas, para no eliminar estos temas, argumentan que los estudiantes logran ampliar sus funciones cerebrales, al esforzarse en tratar de entender el tipo de problemas de difícil comprensión. Que son mecanismos para enseñarlos a pensar y a razonar.
Lo paradójico del asunto es que mientras los estudiantes gastan horas y horas, en el análisis de intrincados conceptos como los mencionados, los programas no incluyen temas como el “Método Científico de Solución de Problemas”. Los ingenieros egresan, sin tener entrenamiento para definir dentro de un contexto, cuál es el problema principal escondido en una coyuntura, cuáles son las posibles alternativas de solución, con qué criterios se selecciona la mejor alternativa, y de qué manera se puede implementar la alternativa escogida.
Por otra parte los egresados de ingeniería no conocen las más elementales reglas para redactar. Tampoco están preparados para diseñar una ponencia oral, pues no saben cómo hablar en público. Ignoran acerca de la conformación de un esquema congruente para programar su vida profesional.
Un profesionista exitoso generalmente tiene un esquema previamente definido, que le permite construir un currículum con un perfil estructurado. Cuando ya en el campo laboral un profesionista salta, de uno a otro tipo de experiencias laborales diferentes y ajenas, sin haber definido una línea congruente de pensamiento, habrá construido un currículum de vida sin rumbo y poco interesante. Una definición de vida sin una línea de pensamiento específica, se puede comparar con el caso de un obrero que inicia como pintor, salta para ser fontanero, cambia a carpintero y finalmente termina de albañil.
Muchos egresados de ingenieros, ni siquiera saben cómo redactar su currículum, mucho menos cómo ir construyéndolo congruentemente a lo largo de su carrera. Tampoco egresan con la preparación eficiente para hacer una entrevista de trabajo, pues no conocen los caminos para venderse profesionalmente.
En medios como Monterrey, las grandes empresas han evolucionado, al punto de que implementan una verdadera selección de personal. Allí a los candidatos a ingresar, son sometidos a sistemas de exámenes y pruebas de eficiencia, de inteligencia y psicológicos, a entrevistas de trabajo y a investigación de referencias laborales. Las universidades en esa ciudad, han comenzado a preparar a sus egresados para enfrentar con éxito este tipo de obstáculos, y finalmente habilitarlos para llegar a ser contratados.
Las universidades de Nayarit, no han siquiera considerado implementar una sola asignatura que les enseñe a los estudiantes la manera de sortear este tipo de dificultades. No lo han hecho, probablemente porque en Nayarit, las posiciones se alcanzan por recomendación, por influencia y por compadrazgo. No se contrata por eficiencia.
Los ejecutivos nayaritas no saben cómo dirigir una entrevista de trabajo para seleccionar personal. Como consecuencia, las autoridades universitarias no encuentran sentido, en entrenar a los que van a egresar, para que enfrenten entrevistas de trabajo exitosas. En el mercado laboral criollo, se desconocen los mecanismos para elaborar un sistema de selección. Posiblemente esa es otra razón, para que los académicos “justifiquen” que se continúen impartiendo conceptos matemáticos difíciles y de muy poca utilidad, en lugar de prepararlos para que logren contratarse. ¡Pobres egresados!