LO QUE DEBERÍA SER LA DIPLOMACIA

Por Luis Melgar Carrillo. (lumelca@live.com.mx)

En general, el servicio diplomático de los países latinoamericanos es una piñata política. Por décadas las posiciones diplomáticas se han venido concediendo por compadrazgo político, a quienes han colaborado en las campañas. Se mantiene en la opulencia a un ejército de gente, cuyo hacer principal es mantener las relaciones públicas y el protocolo.
Por otra parte, los funcionarios enviados a los distintos países, hacen muy poco en sus representaciones, por el intercambio comercial. La diplomacia, prácticamente no aporta nada para el ingreso de divisas al país. Sin embargo, los embajadores, cónsules, agregados culturales, agregados militares y demás representantes viven en una condición privilegiada.
Además de sus jugosos salarios, están exentos de impuestos. Sobre todo, impuestos de importación. Su hacer gira alrededor de un devenir de champagne, cenas y demás festejos. Todo latinoamericano se reía, cuando Cantinflas se burló de este intercambio estéril, en la película “Su Excelencia”.
Muchos embajadores latinoamericanos literalmente son unos verdaderos “parásitos”. El servicio diplomático sigue siendo un rubro de gasto. “Un gasto muy improductivo”. No hay que olvidar que estos funcionarios viven de los de los impuestos que aportamos todos los ciudadanos.
En estos primeros años de gobierno del presidente López obrador, se pueden implementar cambios en la cancillería, que redunden en un claro beneficio financiero para el país. El punto central, gira en torno al papel que se podría impulsar en un gobierno que pretenda hacer un cambio genuino. El cambio propuesto se refiere al papel, que pueden llegar a tener las representaciones diplomáticas en el extranjero.
Lo que se propone, consiste en renovar totalmente el servicio diplomático. Los cargos diplomáticos se pueden transformar, para llegar a ser centros de promoción y de intercambio comercial.
Nunca se han presentado planteamientos en donde, en vez de tener representantes de “Salón” que conviven en medio del coctel, se tenga a representantes cuya misión sea la colocación de los productos y servicios del país.
En vez de mantener a personajes que hacen muy poco por su patria, se pudiera tener a verdaderos empresarios. Las misiones diplomáticas pudieran poner la mira hacia exportación de productos y servicios nacionales.
Si se logra aumentar la exportación, para transformarla en una introducción masiva de los productos mexicanos al país a donde fueron enviados, se podría tener una ventana de alivio respecto al ingreso de divisas.
Con los sueldos y beneficios que reciben los diplomáticos, podría resultar un reto atractivo e interesante, para jóvenes bien preparados en las áreas de mercadeo y ventas. Para un joven con grado de maestría en mercadeo podría ser muy atractivo en su carrera profesional, ser enviado a lugares en los cuales pueda implementar con éxito, estrategias de comercialización y venta de productos. El propósito final es la colocación de los productos y servicios en los países en los cuales establecen una residencia relativamente permanente. Probablemente el mejor servicio a promover es el turismo.
Hoy día hay más de sesenta misiones diplomáticas en el extranjero. Cada misión, puede traer alrededor de cinco mil turistas por año al país. Ese esfuerzo se puede promediar alrededor de 400 turistas por mes. Actualmente una sola empresa privada canadiense ubicada en Baja California Sur, lleva alrededor de trescientos turistas por semana.
Si cada turista gasta tres mil dólares en promedio en su viaje, se puede pensar en el ingreso adicional al país de novecientos millones de dólares por año. No hay que perder de vista que tres mil dólares de gasto por viaje, incluyendo pago de hospedaje en hoteles y comidas, es relativamente conservador. En los centros turísticos de nuestro alrededor, no se reciben oleadas de turistas de países como Japón, China o Corea. En Nuevo Vallarta y Los Cabos, no se ven oleadas de turistas de Europa o de Asia, En ningún momento se observan contingentes de turistas orientales, como se suele ver en el museo del Louvre. La pregunta clave que se puede plantear es la siguiente: “¿Qué están haciendo los franceses con acierto, para concretar la llegada de tantos turistas de oriente?”
La secretaría de Relaciones Exteriores también podría implementar estrategias interesantes de inversión. En los países ricos las representaciones diplomáticas mexicanas pueden negociar, para atraer al país, inversiones rentables que generen trabajo. También se pueden implementar estrategias modernas de mercadeo y ventas, para productos nacionales no tradicionales. Lo anterior significa que si se implementan algunas de estas labores de comercialización que se proponen, se puede llegar a disminuir parcialmente la dependencia, tanto del actual tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá, como del petróleo. Para implementar un sistema comercial como el sugerido, se podría establecer para los diplomáticos metas de inversión, metas de turistas que visiten México, así como metas para la colocación de productos mexicanos.
Un gobierno que lo haga, podría solucionar parte del problema de balanza comercial. Naturalmente lo que se está planteando es una nueva visión de la diplomacia. Esperemos que al señor presidente le caiga el veinte sobre esta visión.