LA PRÁCTICA DE LA VERDAD

Por Luis Melgar Carrillo. (lumelca@live.com.mx)

En general, el hábito de decir mentiras está altamente arraigado, entre muchas, de las personas que pertenecen a la cultura greco-romana. En países como Grecia, Italia, Francia, España, Rumanía, Portugal y, en general en todos los países de América Latina, mentir es parte de la idiosincrasia. Se miente para sacar provecho, para resaltar la propia importancia, para impresionar, para evadir una responsabilidad, para quitarse un vendedor y, en general se vive una cultura en donde la mentira se ha llegado a ver como natural. La primera consecuencia de mentir, es que casi siempre, cuando se dice una mentira, se deben de decir otras, para disimularla.
Aparentar es una manera de mentir. La hipocresía es otra forma de mentir. Es frecuente que se interrumpa una charla, en que se está desacreditando a otro, cuando el interpelado aparece. El chisme, generalmente, se hace a espaldas, es una manera de traicionar. La traición casi siempre se comete en oculto. Por detrás.
Hay mentiras directas y también hay mentiras indirectas. Una muchacha, que mediante una intervención quirúrgica, se implanta partes artificiales en su cuerpo para aparentar más belleza y seducción, de alguna manera está mintiendo. Los implantes de silicona se han hecho tan populares que pocas personas se atreven a pensar que son formas de engañar. Muchas mujeres usan fajas para aparentar figuras más esbeltas. Los anuncios de televisión invitan a que se adquieran este tipo de aditamentos, mostrando las bondades con y sin los mismos. El viejo chiste del recién casado que la noche de bodas presencia que su bella esposa se comienza a quitar sus partes artificiales, es una manera de presentar de forma graciosa, este tipo de engaños.
Muchas mujeres se inyectan botox, tatúan sus cejas, usan extensiones de pelo, pestañas postizas, uñas artificiales y tantas otras formas socialmente aceptadas, para aparentar bellas presentaciones de su figura. En el fondo estos esfuerzos de alguna manera son mecanismos para engañar. Algunas muchachas se maquillan tan exageradamente, que cuando se presentan, es difícil establecer la diferencia entre su apariencia, y el personaje del Guasón de Batman. Lo triste es que a la mañana siguiente, el esposo enfrenta el desastre que presenta su bella esposa sin maquillaje. Pese a todo, la sociedad ha aceptado estas formas de engaño, sin aceptar abiertamente que son mentiras.
Cuando se quiera aumentar la influencia sobre los demás y, por lo mismo, el liderazgo, la práctica de decir la verdad es clave. La confianza que se le pueda tener a un líder se fundamenta en ella. Cuando alguien es sorprendido mintiendo, se deja de confiar en él. Por tal razón, los líderes, con mayúsculas, deben ser veraces para fortalecer en sus seguidores, el deseo de continuar dándole su apoyo. En otras palabras es un camino, para que su influencia se fortalezca y permanezca.
En política, las promesas a los electores cuando se hace campaña proselitista deben de cumplirse. De lo contrario la población pierde la confianza. El gran abstencionismo electoral del pasado es consecuencia de la poca credibilidad que generaron políticos que no cumplieron lo que habían ofrecido, cuando buscaban el voto ciudadano. En las empresas y organizaciones tanto privadas como públicas, sucede lo mismo. Es mejor no prometer algo que prometerlo y luego no cumplir.
En la gran mayoría de las empresas trasnacionales los ejecutivos son hombres de palabra. En algunas de esas empresas, sorprender a un ejecutivo en una mentira es causa de despido. Hay organizaciones internacionales que en el momento de contratar a un funcionario para un cargo de responsabilidad, el elegido firma su renuncia, sin que quede registro de la fecha. En el momento en el que un ejecutivo es sorprendido infringiendo las políticas y procedimientos claves de la organización, se le pone fecha a su renuncia y de esa manera se implementa su destitución sin responsabilidad patronal.
Naturalmente, en estas organizaciones, al ejecutivo de nuevo ingreso como parte de la inducción, se le hace saber lo delicado de llegar a ser sorprendido en la infracción de políticas delicadas. Como ejemplo de este tipo de políticas se puede mencionar tanto el conflicto de intereses, como ser atrapado en una mentira. Ambas situaciones son causa de despido.
En las multinacionales, a niveles inferiores al de los cargos ejecutivos, el prestigio se ve seriamente deteriorado cuando se es sorprendido en una mentira. Ningún empleado, de nivel de supervisor para abajo, puede ascender en la pirámide organizacional, cuando no habla estrictamente con la verdad.
Por otra parte, en esas empresas los procesos de selección de personal toman como un criterio importante que los candidatos digan la verdad. La selección se orienta a la búsqueda de esa verdad. El análisis del currículum, las entrevistas y las investigaciones de referencias buscan, entre otras cosas, encontrar entre los elegidos a personas veraces. Si en ese proceso de selección se sorprende a un candidato en alguna mentira, es razón suficiente para que sea desechado.
En gran parte de las organizaciones criollas no se tienen estos valores como parte de la cultura empresarial. Es muy frecuente que a todos los niveles, en nuestras empresas, se busquen pretextos y se digan mentiras para justificar una falta. Por ejemplo, muchos empleados mienten para justificar su falta de cumplimiento, para justificar atrasos, errores, ausencias al trabajo, merma en la calidad y, en general para tratar de presentar una imagen falsa. Son esfuerzos para tratar de aparecer como inmaculados ante los errores.
El resultado de este tipo de acciones es una crisis de liderazgo. América Latina tiene una gran crisis de liderazgo. Que Dios les dé la gracia a los funcionarios, tanto públicos como privados, para que, conscientes de su condición, encuentren el camino para ser veraces.