GANEMOS LA CARRERA I

Por Luis Melgar Carrillo. (lumelca@live.com.mx)

Es indudable el impacto que ha tenido el lejano oriente en la conquista de los mercados. El mayor porcentaje de los productos que se venden en el mundo son chinos, japoneses o coreanos. Los productos americanos y europeos casi han desaparecido. No se ven muchos productos franceses o italianos. Los bancos más grandes del mundo son japoneses. Las grandes construcciones en china provocaron la subida del precio del acero a nivel mundial.
Esa gran riqueza es consecuencia de la aplicación de principios de administración occidentales, llevados a oriente por gente de occidente. Lo triste es que en Estados Unidos y Europa, en donde fueron concebidas esas teorías, en general no las han aplicado, por el escepticismo de sus ejecutivos. El refrán nadie es profeta en su tierra se puede aplicar a los grandes de la motivación.
En los años cincuentas Japón se consideraba país exportador de basura. Al decir basura se hace referencia a los juguetes baratos de lata o de baquelita y a un sinfín de productos de muy baja calidad. Japón destruido por la guerra estaba pasando una crisis económica severa. En los años setentas Corea era un país considerado del tercer mundo. A finales del siglo veinte nadie quería los productos fabricados en China por las mismas razones de baja calidad del inicio de la industria japonesa.
Sin embargo hoy día los productos orientales compiten con la más alta tecnología del planeta. No hay quien dude de la calidad de Sony, empresa que desplazó a Zenith, Grundig y RCA Víctor. Los orientales dominan los mercados de automóviles, motocicletas, electrodomésticos, equipos fotográficos y muchos otros bienes tanto industriales como de consumo.
Ante esos logros el mundo entero está volviendo los ojos hacia ellos, para tratar de conocer las bases sobre las cuales fundamentaron su éxito comercial. La pregunta clave es la siguiente: ¿Cómo pasaron los orientales a ser el continente con la mejor producción tecnológica a nivel mundial?
La respuesta es simple Lo lograron mediante el uso racional de sus recursos. Esta respuesta sugiere que lo hicieron al manejar un mejor esquema administrativo. Si se investiga, se podrá observar que Japón sin contar con yacimientos de hierro, carbón o petróleo que sirven de base para la industria metalmecánica, ha pasado a ser el primer exportador del mundo, del acero y sus derivados.
¿Cuál es el recurso que a estos países los ha convertido en más competitivos? El gran recurso con que cuentan son personas altamente motivadas, que trabajan duro, con el deseo de aprovechar al máximo su tiempo y sus esfuerzos. Esa respuesta lleva a reflexionar sobre el esquema de administración y más concretamente sobre el estilo de liderazgo oriental, que ha hecho muy productiva su mano de obra. Este estilo de liderazgo recoge muchos de los principios postulados en occidente por gigantes administrativos, muchas veces incomprendidos en sus lugares de origen. Cerca de la mitad de las empresas americanas han ignorado o desatendido principios, que publicaron teóricos de los Estados Unidos y de occidente.
Rensis Likert, Douglas Mc-Gregor, Frederick Herzberg, Chris Argyris y otros grandes de la motivación, investigaron y lanzaron sus conceptos alrededor de los años sesentas y setentas. Muchos de estos principios fueron llevados a Japón por el doctor William E. Deming, quién al ponerlos en práctica se constituyó en el gran arquitecto del milagro japonés. Corea y China asimilaron estos conceptos tres décadas mas adelante.
Deming concibió un esquema enriquecido de lo que en occidente se conoce como “Administración por Objetivos”. Lo planteó como un esquema social, alrededor del cual se estableció la cultura de cada empresa.
Este esquema gira principalmente alrededor del concepto de calidad. Se apoya en el principio de que la productividad será aumentada si mejora la calidad a todos los niveles. Aumentar la calidad a todo nivel significa que todo el personal que labora en una organización, realice su trabajo con excelencia.
Lo anterior incluye tanto los registros contables, como los sistemas de medición del trabajo en los departamentos. Estos controles permiten conocer los niveles de excelencia en todo lo que se hace. Las personas que trabajan en las diferentes áreas saben que se tiene una medición de su ejecutoria. También saben que de su resultados, tanto individuales como grupales, van a depender los premios y gratificaciones futuras que vayan a recibir.
Ese nivel de excelencia se puede observar desde la limpieza y orden de las diferentes áreas de trabajo hasta pequeños detalles como son la alta calidad de las tarjetas de presentación. Esa excelencia incluye aspectos como la limpieza de los sanitarios, el orden en los diferentes departamentos, y en general todo lo que un visitante puede observar, cuando visita los diferentes centros de trabajo.
Todos los empleados saben que la empresa compite con otras empresas tanto del mismo país, como del extranjero. Esa conciencia induce a que todos, como un solo equipo, compitan contra otras organizaciones, tratando de ganar la carrera.