Por Dr. Héctor  F.  Amaya,Médico homeópata,Biomagnetista y escritor

DESECHABLE

Estoy sentada en mi silla de ruedas,en un albergue público,acabo de cumplir  diez años aquí,mañana cumplo ochenta años.Todos los días por la mañana,después del desayuno,le pido a una de las enfermeras,que me lleve a la entrada de este asilo,a unos metros de la puerta principal.Aún tengo esperanza de que alguno de mis ocho hijos que tuve,atraviese la puerta y me visite antes de morir,tengo miedo de no volverlos a ver,quisiera abrazarlos nuevamente.Pero tal parece que a ninguno le intereso,lo último que supe es que habían vendido mis pertenencias,mi tele,mi refrigerador,mi estufita, mi cama,mi casa,habían cogido mis ahorritos del banco,vendieron todo lo que se pudiera vender,no querían saber más de mí,dijeron que todo esto lo hicieron para pagar mi ingreso a esta ciudad del olvido,donde nadie nunca más vuelve a existir.

La casa que vendieron,la construyó su padre con mucho sacrificio,trabajando largos años en una fábrica de hacer pinturas,acabó enfermo y murió.Yo aquí estoy más sola que nunca,desvinculada de mis seres queridos,del mundo que me rodea,sin recuerdos,recluída como un asesino,arrumbada,como una cosa que ya no se usa,que se tira,que ya no sirve,que se desecha.

Ahora,en estos momentos de lucidez,lo he comprendido todo después de tantos años de abandono,soy una desechable,ya no sirvo ni para tortear, para nada,por eso vinieron a tirarme al deshuesadero, a éste deshuesadero humano,¡nadie vendrá! ¡para qué me hago ilusiones!

¡Desechable! ¡desechable!,¡Eso es lo que soy!,¡Una desechable!

¿Me sirvió de algo ser buena con mis hijos?

¿Qué mal hice……?

De mi libro “Meditaciones cotidianas para quien las necesite” Vol.1

(Registrado en Derecho de Autor).

Compartir
Artículo anteriorHuye de los sicarios
Artículo siguientePapa canoniza a obispo