*También los despojan de su equipo, entre ellos al de Proceso

POR EZEQUIEL FLORES CONTRERAS
CHILPANCINGO, Gro. (apro).- Al menos cuatro periodistas, entre ellos el fotorreportero Bernardino Hernández El Charalito, fueron atacados y despojados de su equipo de trabajo por agentes estatales ayer durante el enfrentamiento armado registrado en la zona rural de Acapulco, acciones que dejaron un saldo de 11 muertos y 38 detenidos.
El operativo policiaco-militar para desarmar a policías comunitarios y liberar a Iván Soriano Leal, un exmilitar vinculado con la venta ilegal de armas detenido por la autodefensa de Cacahuatepec, fue encabezado por el general en activo y actual secretario de Seguridad Pública, Pedro Almazán Cervantes, indican reportes oficiales.
Los reporteros agredidos son Bernardino Hernández, corresponsal de las agencias AP y Cuartoscuro, así como colaborador de Proceso; Jacob Morales, del periódico El Sur; Rubén Santiago, de La Jornada Guerrero; Sergio Robles, de la agencia Quadratín, y Jorge Torres, corresponsal de la cadena Univisión.
Hernández Hernández, con reconocimientos a nivel global, fue salvajemente golpeado con cachas de pistola y culatas de rifles por policías estatales, quienes también dañaron su equipo y robaron las tarjetas digitales de su cámara fotográfica, donde estaban las imágenes del violento operativo que dejó tres guardias comunitarios asesinados y 38 detenidos.
Previamente, se había registrado un enfrentamiento entre un grupo armado y los policías comunitarios que dejó un saldo de ocho muertos, cinco de ellos del grupo agresor y tres comunitarios.
Bernardino Hernández, quien presenta golpes severos en la cabeza, tórax y piernas, denunció que fue atacado por los agentes estatales cuando documentaba los excesos de la Policía Estatal, como el caso de un guardia comunitario que fue asesinado a tiros cuando ya había sido sometido, indicó el fotoperiodista.
Al respecto, El Charalito dijo que, junto al reportero de La Jornada Guerrero, Rubén Santiago, se encontraba dentro de un corral, donde tres comunitarios habían sido asesinados por la Policía Estatal, y enseguida fueron expulsados a golpes y patadas.
El reportero de El Sur, Jacob Morales, señaló que la actitud de los agentes estatales y soldados siempre fue muy hostil en contra de los reporteros que documentaban el violento operativo de desarme de la guardia comunitaria de la zona rural de Acapulco.
Incluso, dijo que los policías y soldados trataron de impedir en todo momento que los comunicadores tomaran fotografías o grabaran videos de la acción gubernamental.
Morales refirió que, durante la refriega, algunos periodistas se refugiaron en vehículos y que, a pesar de ello, los policías les apuntaban de manera directa, situación que desató una serie de gritos y reclamos para evitar que les dispararan.
Tras el operativo para rescatar al exmilitar vinculado con la venta ilegal de armas, los reporteros reclamaron a un mando policiaco la serie de agresiones contra la prensa y, en respuesta, recibieron más insultos y amenazas de los uniformados.