* Encuestas prevén que Trump pierda el
control en la Cámara de Representantes

Por J. Jesús Esquivel

WASHINGTON (apro).- J. Jesús Esquivel, corresponsal de Proceso en esta ciudad analiza brevemente el inicio de la jornada electoral en Estados Unidos y la posibilidad de que el presidente Donald Trump reciba su primer descalabro en las urnas.
Los votantes estadunidenses iniciaron sus labores cívicas de este martes acudiendo a las urnas para determinar la nueva composición partidista del Congreso federal, de legislaturas estatales, gubernaturas y puestos locales, en medio de la incertidumbre y una profunda división racial provocada por el presidente Donald Trump.
En los comicios generales de medio período de este martes 6 de noviembre, los estadunidenses definirán la integración partidista de las 435 curules de la Cámara de Representantes, 35 de las 100 del Senado, 36 de las 50 gubernaturas, legislaturas estatales, centenares de puestos de elección popular locales e iniciativas municipales.
El aspecto más importante de la jornada electoral es someter a un plebiscito la presidencia de Trump, que podría quedar totalmente acotada con una victoria del partido demócrata, o fortalecida y reivindicada si los republicanos resultan triunfadores.
Al arranque de la sesión electoral, las encuestas de los principales medios de comunicación de Estados Unidos promediaban una ventaja de ocho puntos porcentuales en favor de los demócratas sobre los republicanos, respecto a sus posibilidades de recuperar el control partidista de una de las dos cámaras del Congreso federal.
Con una campaña proselitista concentrada en criminalizar a la inmigración indocumentada, promover al aislamiento y unilateralismo como fórmula para el empoderamiento global de Estados Unidos, así como condicionar el libre comercio a los intereses nacionales, defender la venta, portación y uso de armas pese a las constantes masacres y negar el calentamiento global por encima de tantos desastres naturales, Trump busca la victoria republicana para mantener por dos años más la hegemonía del poder en Washington.
En la Cámara de Represent antes, posible triunfo demócrata
Los sondeos sobre la tendencia electoral perfilan que el control partidista de la Cámara de Representantes del Congreso federal podría ser recuperada por los demócratas. De materializarse este pronóstico los votantes estadunidenses expresarían un rechazo al trabajo de Trump como titular del poder ejecutivo, al tiempo que podrían en entredicho sus posibilidades de reelección en los comicios de noviembre de 2020.
Para recuperar el control de la Cámara de Representantes, los demócratas requieren de la reelección de los 193 puestos que tienen en su poder y ganar 26 de los 235 que tiene en sus manos los republicanos y los siete puestos vacantes.
En la Cámara de Senadores los vaticinios para que los demócratas salgan victoriosos son menos prometedores que en la Cámara de Representantes, sin embargo, un Congreso federal dividido sería el panorama más negativo para Trump y los republicanos.
Durante las primeras horas de votación las casillas electorales estaban muy concurridas, según medios locales, porque los estadunidenses están muy motivados a expresar su determinación para el futuro político inmediato de su país.
Con un Capitolio dividido, Trump vería disminuidas sus promesas de campaña como deportar a todos los inmigrantes indocumentados, amurallar la frontera con México, instrumentar nuevos recortes tributarios a los que ganan más dinero, condicionar a capricho los acuerdos de libre comercio con otros países, entre otras iniciativas.
Al controlar una de las dos cámaras legislativas, los demócratas pueden rechazar y anular cualquier iniciativa de ley patrocinada por los republicanos o diseñada por la Casa Blanca, tal como le ocurrió al expresidente Barack Obama en los seis últimos años de sus dos mandatos presidenciales cuando los republicanos se apoderaron del control partidista del Congreso federal.
Los analistas políticos sostienen que, si se consolida una mayor participación de los votantes en estos comicios, respecto a los de noviembre de 2016 cuando Trump ganó la presidencia, se demostraría la profunda polarización que afecta a la nación.
Con un triunfo demócrata, los votantes expresarían su deseo de acotar los poderes de Trump y el rechazo a sus decisiones conservadoras y racistas. De triunfar los republicanos, Estados Unidos consolidaría su preferencia por un gobierno conservador de derecha comandado por una presidencia con tendencias imperialistas.