El óxido nitroso, cuyos niveles atmosféricos han estado infravalorados, es menos frecuente que el dióxido de carbono, pero es cientos de veces más potente y puede permanecer un siglo en la atmósfera.

Sin duda, el gas de efecto invernadero más conocido, a la par que temido, es el dióxido de carbono. No hay más que ver los esfuerzos llevados a cabo en todo el mundo para reducir sus emisiones, con el fin de evitar el calentamiento global que suponen. Tampoco se queda muy atrás el metano, procedente principalmente de las flatulencias del ganado rumiante. Sin embargo, no son los únicos gases con estos temibles efectos. También lo son los fluorocarbonos, cuyo uso está prohibido ya en muchos países, el ozono e incluso el vapor de agua. Todos estos contribuyen en una medida mucho menor que otro, tan infravalorado como lo estuvo en el pasado el metano: el óxido nitroso .

Durante años se ha pensado que las emisiones de este gas estaban controladas y, por lo tanto, no llegaban a niveles preocupantes. Pero no es eso lo que se deduce de un nuevo estudio, publicado en Nature Climate Change, en el que se muestra que, en realidad, el uso descontrolado de fertilizantes basados en nitrógeno está llevando a una acumulación excesiva de esta sustancia; que, a pesar de ser menos frecuente que el dióxido de carbono, es cientos de veces más potente y, además, puede permanecer en la atmósfera hasta un siglo.PUBLICIDAD

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Un pequeño gran enemigo del planeta

Hasta este estudio, la mayoría de cifras de las que se disponía respecto a los niveles de óxido nitroso vertidos a la atmósfera procedían de la información sobre el uso de fertilizantes cedida por los diferentes países a las Naciones Unidas. A partir de ciertos niveles de óxido nitroso atmosférico las plantas ya no pueden fijar el nitrógeno eficientemente

No obstante, los autores de este estudio reciente, procedentes del Instituto Noruego de Investigación del Aire, decidieron cambiar los métodos y medir directamente la concentración atmosférica del gas, desde 1998 hasta 2016. De este modo, podrían deducir la cantidad aproximada que se había liberado desde tierra y mar en ese periodo.

Así, comprobaron que las emisiones en la última década habían aumentado mucho más rápido de lo estimado por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC). Es cierto que en los países europeos y Estados Unidos la liberación se había mantenido prácticamente constante en el periodo analizado, pero no ocurría lo mismo en otros países, como China, la India, Pakistán, Nepal, Bangladesh y Brasil, pues habían contribuido por sí solos a la mitad del aumento de las emisiones globales en los últimos 20 años. Además, África suma un 20% adicional.

En definitiva, son los países más pobres los que habían dejado escapar al medio ambiente una mayor cantidad de óxido nitroso. Esto se debe a que los fertilizantes nitrogenados son más baratos y posiblemente sean los únicos a los que muchos agricultores pueden acceder en estas regiones. Pero este no es el único factor que ha influido en el aumento de su concentración en el aire. Y es que, según concluyen en el estudio, el aumento no es lineal, sino que se va haciendo más rápido a medida que pasa el tiempo.

Detrás de este fenómeno se encuentra la capacidad de fijación de las plantas. Del mismo modo que son esenciales para secuestrar dióxido de carbono de la atmósfera, también las necesitamos para que fijen el nitrógeno, que utilizan en sus propios procesos metabólicos. Sin embargo, los científicos han observado que, pasados unos niveles concretos de este gas en la atmósfera, las plantas ya no pueden fijarlo tan efectivamente, por lo que comienza a incrementarse exponencialmente.

Los resultados de este estudio se unen a los de otros que ya habían sacado a la luz una estimación correcta de la cantidad de óxido nitroso que se está liberando. Por ejemplo, este mismo año se publicaba en Atmospheric Chemistry and Physics uno en el que se señalaba que la descongelación del permafrost del Ártico está dejando escapar doce veces más óxido nitroso del que se creía hasta ahora.

Estamos ante un problema infravalorado, al que se debe prestara atención. Este compuesto es conocido también como gas de la risa, pero sus efectos no son para nada divertidos. Por eso es tan importante tenerlos en cuenta.