Fue para defender los aranceles proteccionista al acero y el aluminio que detonaron una guerra comercial, con amenazas de réplicas, caídas bursátiles y desconcierto.
ran las 5.50 de la madrugada. Washington se estremecía ayer con una feroz tormenta de vientos huracanados, pero el presidente estadounidense Donald Trump era indiferente a los árboles que caían frente a la Casa Blanca. A esa hora, todavía de noche, tomó su Iphone y lanzó un tuit que impactó como un rayo en todo el mundo: lejos de tranquilizar a los mercados globales, amenazó con aplicar “tasar recíprocas” a socios comerciales y advirtió, además, que “las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar”.

Trump subía así la apuesta que el jueves generó una ola global de rechazo cuando anunció que impondrá tarifas de hasta 25% a las importaciones de acero y 10% al aluminio, con el objetivo de castigar prácticas comerciales que considera desleales y que engordan el déficit y roban empleos estadounidenses. Es una medida que se inscribe claramente dentro del marco de su política proteccionista y su lema “America First” (Estados Unidos primero), que acuñó durante su campaña.

El anuncio enojó a fuertes socios comerciales de Estados Unidos como Canadá, Alemania, México y la Unión Europea y también a China, el país al que más apunta Trump con su medida. “El riesgo de escalada es real”, advirtió el director general de la Organización Mundial de Comercio (OMC) Roberto Azevêdo.

Trump dijo el jueves que anunciaría formalmente la medida la semana próxima. Pero igualmente los principales socios de Washington reaccionaron y alertaron que tomarán represalias si sus productos son sancionados, lo que abre la puerta a una guerra comercial de consecuencias imprevisibles.
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China urgió ayer a Washington a “restringir” el uso de medidas proteccionistas y a “respetar las reglas” del comercio internacional. “Si todos los países siguieran el ejemplo de Estados Unidos, ello tendría un grave impacto en el orden del comercio mundial”, afirmó Hua Chunying, portavoz del ministerio chino de Relaciones Exteriores.

La UE amenazó con imponer tarifas a productos estadounidenses como las motos Harley Davidson, el bourbon y los jeans Levi´s. Brasil tampoco descarta tomar “medidas a nivel multilateral o bilateral”. Este país es, tras Canadá, el segundo mayor exportador de acero a Estados Unidos.

En la misma línea se mostró México, que al igual que Corea del Sur, es un importante exportador. Actualmente el tres por ciento de las importaciones de acero estadounidenses procede de China. Argentina, si bien es un actor menor en este juego, igualmente se ve afectada con 212 millones de dólares en acero y 494 millones de aluminio al año.

Pero a Trump no lo amilanan los desafíos y parece disfrutar con el rol de duro entre los duros, lo que podría traer graves consecuencias, según los expertos.

En su tuit de madrugada ayer escribió: “Cuando un país (Estados Unidos) está perdiendo miles de millones de dólares en comercio virtualmente con cada país con el que tiene negocios, las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar”. “Por ejemplo, cuando estamos perdiendo 100 mil millones de dólares con un país y se hace el listo, dejamos de comercializar y ganamos en grande. ¡Es fácil!”, agregó, como si fuera tan sencillo.

El presidente fue más lejos y lanzó una alerta a los países que consideran tomar medidas de represalias contra Estados Unidos.“Pronto impondremos TASAS RECÍPROCAS para que cobremos la misma cosa que ellos nos cobran. Con un déficit comercial de 800.000 millones de dólares no tenemos opción”, añadió.

Consultado por Clarín, Mark Perry, experto en comercio internacional del think tank conservador American Enterprise Institute, señaló que los aranceles propuestos por Trump “ponen al comercio de los Estados Unidos y al comercio mundial en grandes riesgos, especialmente si implican el comienzo de una política estadounidense que da como resultado más proteccionismo para el futuro”.

El experto agregó que “Estados Unidos corre un gran peligro de represalias por parte de China, Europa y otros socios comerciales, lo que terminará perjudicando a los exportadores estadounidenses como por ejemplo en el sector agrícola”.

Sobre la posibilidad de una guerra comercial global, Robert I Webb, profesor de la Facultad de Comercio de la Universidad de Virginia, dijo a Clarín que “aunque los aranceles sobre el acero y el aluminio parecen estar dirigidos a China (sobre la base de la retórica del presidente en el pasado), los países más directamente afectados serían Canadá y Corea del Sur.

El efecto de estas medidas en las tarifas será elevar los precios del acero y el aluminio en los Estados Unidos, lo que ayudará a las metalúrgicas estadounidenses, pero también perjudicará a los consumidores locales porque aumentarán los precios de muchos productos”.