POR RAFAEL CRODA

BOGOTÁ (Proceso).- El proceso de paz en Colombia, que implicó el abandono de las armas por parte de las FARC, trajo un nuevo problema: cuando la exguerrilla dejó de controlar el narcotráfico en ese país, otros grupos llenaron el vacío… y buscaron alianzas con cárteles mexicanos. De ese modo, dice a Proceso el vicepresidente colombiano Óscar Naranjo, las mafias de Sinaloa y Jalisco, así como Los Zetas, fortalecieron su presencia en aquella nación. Para el exdirector de la Policía Nacional, la consolidación de la paz y la lucha antinarco van de la mano, y el tema de la asociación entre bandas criminales de ambos países es una de sus principales preocupaciones.
Óscar Naranjo, vicepresidente colombiano, está convencido de que los cárteles mexicanos son un factor que perturba la consolidación del acuerdo de paz que firmaron hace un año y cuatro meses el gobierno de Colombia y la exguerrilla de las FARC.
Tras la salida de las FARC del negocio de la cocaína, explica Naranjo en entrevista, cada vez hay más evidencias de los víncu¬los entre las organizaciones mexicanas del narcotráfico y las bandas colombianas que ocupan los espacios que dejó la antigua insurgencia en los territorios con mayor producción y tráfico de drogas.
“No es un problema menor”, dice el general retirado y exasesor de seguridad del presidente mexicano Enrique Peña Nieto. “Es un problema al que le estamos dando toda la importancia estratégica”.
Para Colombia, señala, “es prioritario romper el vínculo entre organizaciones mexicanas y colombianas y asegurar la captura de los miembros de esas organizaciones trasnacionales que muestran interés en Colombia”.